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Acalasia, la enfermedad del esófago que no avisa

Este padecimiento dificulta el paso de los alimentos y líquidos hacia el esófago

Acalasia, la enfermedad del esófago que no avisa

Acalasia, la enfermedad del esófago que no avisa

MAYRA FRANCO ROSALES

Dificultad para comer, reflujo gastrointestinal, dolor en el pecho y pérdida de peso pueden ser algunos síntomas de alarma de la acalasia, una enfermedad del esófago considerada poco frecuente, pero que impacta la calidad de vida de quien la padece.

Este trastorno del esófago hace que el órgano pierda la capacidad de mover adecuadamente los alimentos hacia al estómago, además de provocar que el esfínter esofágico inferior, que es la válvula que conecta ambos órganos, no se relaje correctamente.

Como consecuencia, la comida y los líquidos quedan retenidos en el esófago, provocando síntomas que suelen aparecer, en la mayoría de los caso, de manera progresiva.

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Síntomas evidentes

De acuerdo con el artículo científico “Acalasia esofágica”, del investigador médico Rafaél Méndez Sánchez, esta enfermedad “presenta una progresión gradual y de inicio insidioso y síntomas inespecíficos, lo que retrasa su diagnóstico, llegando a pasar hasta 24-30 meses antes de iniciar el protocolo de estudio”.

Entre las principales manifestaciones de la acalasia se encuentran la dificultad para tragar, conocida médicamente como disfagia, tanto para alimentos sólidos como líquidos. También pueden presentarse regurgitación, sensación de que la comida “se queda atorada”, dolor o presión en el pecho, tos nocturna y pérdida de peso involuntaria.

Como lo expone Méndez Sánchez, debido a que algunos síntomas se parecen a los del reflujo gastroesofágico, el diagnóstico puede retrasarse durante meses o incluso años. No obstante, la acalasia tiene un origen distinto, ya que su daño está relacionado con los nervios que controlan los movimientos musculares del esófago.

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Detección y estudios

Para detectar la acalasia, los especialistas recurren a diversos estudios, en donde destaca la manometría esofágica, que es considerada la prueba más importante para confirmar el diagnóstico, así como el esofagograma con contraste y la endoscopía digestiva alta, que ayudan a descartar otras enfermedades.

Esta enfermedad no tiene cura definitiva, pero existen tratamientos que son capaces de aliviar los síntomas y mejorar la alimentación de los pacientes. Estas opciones pueden ser terapéuticas y buscan disminuir la presión del esfínter esofágico inferior para facilitar el paso de los alimentos.

Entre los procedimientos más utilizados se encuentran la dilatación neumática, en la que se expande el esfínter mediante un balón; la miotomía de Heller, una cirugía que corta parcialmente el músculo afectado; y la miotomía endoscópica peroral, conocida como POEM, una técnica mínimamente invasiva realizada mediante endoscopia.

En algunos casos también pueden emplearse medicamentos relajantes musculares o aplicaciones de toxina botulínica, aunque sus efectos suelen ser temporales.

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Escrito en: esófago enfermedad

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