Jóvenes músicos laguneros conquistaron el Palacio de Bellas Artes con la OSIM. EL SIGLO DE TORREÓN / Enrique Castruita
Han hecho arte con sus instrumentos, su talento y disciplina. El Teatro del Instituto de Música de Coahuila (INMUS) los arropa. Este ha sido su territorio de aprendizaje, la ruta donde mejoraron sus técnicas.
Andrés Ramírez, Emiliano Márquez y Danae Ortiz vuelven de Ciudad de México donde el pasado domingo 9 de agosto se presentaron en el Palacio de Bellas Artes como parte de la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil de México (OSIM).
Son jóvenes, pero los envuelve la experiencia. Los tres forman parte de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Torreón (OSIJUT). Andrés ha sido seleccionado en dos ocasiones por la OSIM gracias a su destreza en el clarinete, mientras que Emiliano y Danae tienen cuatro selecciones cada uno por su virtuosismo en el violín y el corno francés, respectivamente. El camino no fue fácil para ninguno de los tres; haber sido seleccionados les implicó tardes de estudio y mucha constancia.

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Transforma tu relación con el estrés, la ansiedad y la alimentación, y mejora tu bienestar físico, mental y emocionalEste año, la OSIM seleccionó 142 jóvenes músicos mexicanos y menores de 18 años para instrumentos de cuerdas, maderas, metales, percusiones, arpa y piano. Del 18 de julio al 2 de agosto organizó un campamento en el Centro Vacacional IMSS Oaxtepec, Morelos. Posteriormente, entre el 3 y 9 de agosto, bajo la dirección del maestro Roberto Rentería, una gira que incluyó ciudades como Cuernavaca, San Luis Potosí, León, Zapopan, Morelia, Apatzingán y Ciudad de México.
Se trata de un programa artístico, integral y referente con 24 años de historia y presencia nacional. Es impulsado por el Sistema Nacional de Fomento Musical de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México.
“Es una experiencia muy padre. Aprendemos mucho, obviamente, cosas muy específicas de cada instrumento. Por mi parte, uno va aprendiendo diferentes técnicas que puede usar, diferentes digitaciones, diferentes articulaciones, técnicas en general. Como músico, es padre estar en una orquesta tan grande, porque uno aprende a escucharse con diferentes secciones. Cuando uno está en una orquesta de esa magnitud, tiene que adaptarse a eso”, comparte el clarinetista Andrés Ramírez.

“Yo, en general, en cuestión social, lo disfruté mucho, mucho. Aparte de que era mi último año también, pero en general se sentía un ambiente muy bueno. La mayoría es gente muy agradable y eso hizo que fluyera muy bien. Esa cuestión social también ayudó en la música”, agregó Emiliano Márquez.

“Destacaría también la parte de la convivencia, no sólo en si alguien me cae bien o mal, sino de lo que pude absorber como conocimiento por parte de amigos o profesores. Me gustó mucho la parte de ayudar a otras personas dándoles consejos. Musicalmente, como que todo se te aclara y es más fácil aconsejar y recibir consejos y aplicarlos en lo que dura el campamento”, señaló Danae Ortiz.

En la memoria de los tres jóvenes resuena el concierto de clausura de la OSIM, efectuado en el Palacio de Bellas Artes. Fue a las 17:00 horas del domingo 19 de agosto cuando el telón del teatro más importante del país y los jóvenes músicos aparecieron frente a un público que rondaba las mil personas. No faltaron los nervios ni las emociones, pero cada uno de los laguneros dio lo mejor de sí, una entrega total sobre las partituras.
Andrés todavía tiene un año para volver a audicionar en la convocatoria de la OSIM y actualmente se encuentra en búsqueda de una universidad a nivel nacional que le permita estudiar nanotecnología. Emiliano tuvo su último año en la OSIM, ha elegido ser músico y recientemente fue aceptado en la Escuela Carlos Chávez de Ciudad de México, donde realizará su licenciatura. Mientras que Danae también tiene otro año para intentar ser seleccionada en la orquesta y hoy tiene pensado estudiar medicina.

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Emiliano Márquez abraza su violín y sostiene el arco con firmeza. Ante sus mirada se dibuja un nuevo horizonte, pues esta semana tendrá que viajar a Ciudad de México para incorporarse a la Escuela Carlos Chávez, donde cursará la licenciatura durante los próximos cinco años. Fue un objetivo que se propuso hace dos años y que logró cumplir con creces.
“Me preparé con el Concierto para violín en Mi menor de Mendelssohn. Eso fue lo que toqué. La verdad, sí fue pesado. La semana anterior a ir a Ciudad de México tenía exámenes semestrales en la preparatoria; todavía no salía. Exámenes semestrales junto a preparar la música que tenía que llevar. Y también el hecho de estar pagando para diez minutos que te escuchen tocar; tienes que tener mucha calma y mucho temple para hacer eso. Y salió bastante bien, tuve un primer lugar contra veinte violinistas”.
Emiliano sabía que tenía el tiempo limitado, que no podía darse el lujo de fallar en esa audición. La musa Euterpe estuvo de su lado y el lagunero salió avante de cada pasaje orquestal al que fue expuesto. Hoy su camino tiene un norte en forma de pentagrama y en su violín vibra el sueño de convertirse en músico profesional.