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ESTACIÓN SANTA ROSA

Antigua estación del tren de Santa Rosa: El corazón del desarrollo de Gómez Palacio

 Este vestigio establecido desde 1883 se desgasta a la vista de todos sin que nadie ejecute acciones para reivindicar su historia.

Antigua estación del tren de Santa Rosa: El corazón del desarrollo de Gómez Palacio

Antigua estación del tren de Santa Rosa: El corazón del desarrollo de Gómez Palacio

DANIELA CERVANTES

Quieta y silenciosa, la antigua estación del Tren de Santa Rosa sufre los estragos del tiempo y el abandono.

A la vista de todos los que pasan por el sector en donde se ubica, justo detrás de presidencia de Gómez Palacio, este vestigio establecido desde 1883 se desgasta sin que nadie ejecute acciones para reivindicar su historia.

Mucho antes de que Gómez Palacio adquiriera oficialmente ese nombre y de que se consolidara como una de las principales ciudades de La Laguna, en medio de una llanura dominada por la gobernadora, los huizaches y los mezquites, existía apenas un modesto paradero ferroviario.

La antigua estación de paso conocida primero como Lerdo o Santa Rosa era, de acuerdo con el libro Ensayo sobre la fundación y desarrollo de la ciudad de Gómez Palacio, una solitaria parada donde, de vez en cuando, se detenían los trenes de pasajeros del Ferrocarril Central Mexicano.

La unión de las vías del ferrocarril en 1883 permitió conectar la Ciudad de México con Paso del Norte. Para aquella región, el tendido ferroviario significó mucho más que la posibilidad de trasladar pasajeros de un punto a otro: representó la llegada de una nueva dinámica económica y social que terminaría por modificar para siempre el territorio.

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Fue en 1926 justo en la estación del tren de Torreón, al llegar la delegación rotaria de Monterrey, cuando La Filomena se escuchó por primera ocasión

A aquel modesto paradero llegaban y salían viajeros procedentes de Ciudad Lerdo y de las rancherías circunvecinas. Su presencia fue trascendental, pues, según explica el compendio, aquella parada del ferrocarril dio origen directo al nacimiento y posterior fundación de Gómez Palacio.

La estación, aunque todavía no constituía una ciudad, comenzó a convertirse en un punto de referencia. El movimiento de personas, mercancías y comunicaciones fue generando las condiciones para que alrededor de las vías aparecieran las primeras construcciones y, con ellas, los primeros habitantes.

CAMBIO DE NOMBRE A ESTACIÓN SANTA ROSA

Sin duda la historia de Gómez Palacio está relacionada con ese origen ferroviario. Lo que comenzó como una estación vinculada a Lerdo se convertiría en el punto alrededor del cual crecería una nueva población.

El nombre de Santa Rosa también quedó ligado a la estación. La hacienda que se encontraba en el entorno pertenecía a Santiago Lavín y era conocida como Hacienda Santa Rosa. Por ello, de manera coloquial, la población comenzó a llamar estación Santa Rosa al sitio que legalmente era la Estación Lerdo.

La diferencia entre ambos nombres refleja también la transición que experimentó la zona. Para quienes habitaban o transitaban por aquel territorio, la referencia cotidiana podía ser Santa Rosa; administrativamente, sin embargo, se trataba de la estación Lerdo.

Con el paso de los años, la presencia ferroviaria favoreció el crecimiento del asentamiento y ayudó a sentar las bases de lo que posteriormente sería Gómez Palacio.

El ferrocarril llegó, entonces, antes que la ciudad como tal. La estación fue primero un punto de paso y después un espacio alrededor del cual comenzó a organizarse una comunidad.

Así la historia de Gómez Palacio quedó vinculada desde sus primeros momentos a las vías del tren.

UNA ESTACIÓN ENTRE EL ABANDONO Y LA MEMORIA

La importancia histórica de aquel inmueble contrasta con el estado en que se encuentra. 

En una visita realizada por este diario se observó que, aunque cercada, la estructura está vandalizada, llena de basura y rodeada de ramas crecidas. En pocas palabras, abandonada. 

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Lo anterior no se trata de una situación nueva: los registros de la Hemeroteca de El Siglo de Torreón muestran que desde finales de la década de 1990 ya existía preocupación por el destino de la antigua estación, así como propuestas para rescatarla y devolverle un uso acorde con su valor histórico.

Por ejemplo, en 1998, el grupo Unidos por Gómez Palacio planteó que la estación ferroviaria se convirtiera en un museo. La iniciativa reflejaba el interés de sectores de la sociedad por recuperar un inmueble relacionado directamente con los orígenes de la ciudad.

Un año después, en 1999, la entonces directora Municipal de Cultura, Yeyé Romo, informó sobre la intención de restaurar la antigua bodega de la estación del ferrocarril, ubicada en la parte posterior de la Presidencia Municipal, para convertirla en un museo regional o archivo municipal e histórico.

El proyecto contemplaba que el inmueble fuera utilizado como recinto cultural, luego de que Ferrocarriles de México pudiera ceder la propiedad al Municipio. La finca, además, estaba catalogada como monumento histórico por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), por lo que cualquier intervención debía realizarse de acuerdo con los lineamientos de esa institución.

En aquel encuentro se acordó avanzar en la firma de un convenio para la cesión de la propiedad con fines culturales. También se planteó que los trabajos de restauración fueran financiados mediante recursos del gobierno federal, municipal y de la iniciativa privada.

Sin embargo, el proyecto no avanzó de manera sencilla.

Para el año 2000, este diario informó que Ferromex realizaría trabajos de limpieza interior y exterior en la finca de la antigua estación, aunque su asignación al Municipio para abrir ahí el museo de la ciudad quedaría condicionada a la reubicación de los patios de maniobra.

La intervención era necesaria debido al deterioro que ya presentaba la construcción. Fernando Gutiérrez Reyes señaló entonces que el inmueble figuraba en el catálogo del INAH como patrimonio cultural e histórico y que requería una rehabilitación completa.

Durante aquella visita se constató el desprendimiento del techo en el extremo suroriente del edificio, además de deterioro físico y acumulación de basura. En esa nota se estipuló que el inmueble había dejado de prestar servicio y otro edificio había sido construido en el costado sur más de 20 años antes.

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Para entonces ya existía un proyecto de rehabilitación que contemplaba la preservación del inmueble.

En ese sentido, las notas de aquellos años dejan constancia de una preocupación que, décadas después, permanece vigente: qué hacer con un edificio que forma parte de la historia de Gómez Palacio, pero que al mismo tiempo se encuentra sujeto a las condiciones de operación de la infraestructura ferroviaria.

La estación ha sobrevivido a los cambios de la ciudad, a la transformación de la actividad ferroviaria y a distintas propuestas para rescatarla. Pero también ha enfrentado el deterioro, el abandono y el vandalismo.

AQUÍ COMENZÓ LA TRANSFORMACIÓN DE LA LAGUNA

Para Alejandro Ahumada Rodríguez, investigador de historia de la Comarca Lagunera, el estado actual de la antigua estación resulta especialmente lamentable por el significado que tiene para la historia regional.

Ahumada consideró que el inmueble podría ser uno de los monumentos más importantes relacionados con la Revolución Industrial en La Laguna, precisamente porque el ferrocarril fue uno de los elementos que impulsaron la transformación de la región.

“Es una lástima que esta estación esté en el estado en el que se encuentra”, señala el investigador, quien destaca que el tren “trajo todo” y que aquella fue la primera estación del lado de Durango.

La estación original, explica, era de madera y terminó incendiándose. La construcción que permanece actualmente corresponde a una etapa posterior y estuvo relacionada principalmente con las actividades de carga, aunque también tuvo funciones de pasajeros.

Para Ahumada, la estación representa el punto de partida de una transformación que comenzó con Lerdo, cuando todavía formaba parte de su municipalidad.

“Era como el icono de esta Revolución Industrial que inició en la Comarca Lagunera”, expresó.

La llegada del ferrocarril provocó que personas e industrias comenzaran a llegar a la región. Lerdo experimentó un crecimiento acelerado y, durante algunos años, la estación fue uno de los principales puntos de actividad.

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La bonanza provocó la construcción de la iglesia y plaza principal y, por supuesto, el aumento de su población

El investigador explicó que en 1888 el Ferrocarril Internacional llegó a la región y las vías terminaron por cruzarse con las del Central, ya en territorio de Coahuila, en lo que actualmente corresponde al sector de La Alianza.

A partir de ese momento comenzó una competencia entre las estaciones y los puntos de desarrollo que terminaría modificando el equilibrio regional.

Lerdo había crecido de manera extraordinaria durante los primeros años gracias al ferrocarril. Pero la llegada de las nuevas vías y el surgimiento de Torreón cambiarían el rumbo.

LAS VÍAS DE TORREÓN MARCAN EL FUTURO DE LA ESTACIÓN DE GÓMEZ

Cuando las vías de Coahuila se conectaron con las de la región, nació un nuevo eje de desarrollo. Torreón comenzó a adquirir una importancia cada vez mayor y terminó desplazando a Lerdo como centro comercial.

Según Ahumada, el eje de las dos vías fue determinante para el rápido crecimiento de Torreón. En aproximadamente 18 años, la ciudad se convirtió en la más importante de la región, mientras Lerdo quedó fuera de aquel nuevo eje.

Incluso cuando las concesiones del Ferrocarril Internacional establecían que debía llegar a Lerdo, finalmente las vías no llegaron hasta esa ciudad y se quedaron en Torreón, en terrenos relacionados con la hacienda de la señora Zuloaga.

Torreón terminó por imponerse como centro comercial, pero la antigua estación de Lerdo continuó teniendo importancia para el desarrollo industrial de la zona de Gómez Palacio.

“De todas maneras funcionaban las dos”, explicó el investigador. La estación siguió favoreciendo el establecimiento de industrias y el movimiento de carga, particularmente con el desarrollo de La Jabonera y de otros espacios industriales.

El ferrocarril continuó siendo un elemento fundamental para el abastecimiento y transporte de mercancías. La estación contaba con capacidad para recibir carga, además de haber tenido telégrafo y áreas destinadas al funcionamiento ferroviario.

Para 1905, Gómez Palacio quedó establecido oficialmente como ciudad. Ese proceso significó también una transformación administrativa y económica que terminó por modificar la relación que mantenía con Lerdo.

Con la consolidación de Gómez Palacio, la estación pasó a formar parte de la infraestructura que acompañó el crecimiento de la nueva ciudad.

Ahumada mencionó que las líneas ferroviarias eran concesiones federales y que la infraestructura comprendía no solamente las vías, sino también el área de estación y los patios.

Con el proceso de privatización ferroviaria, Ferrocarriles Nacionales de México dejó de operar bajo el esquema anterior y Ferromex adquirió buena parte de los elementos que conformaban la infraestructura ferroviaria. Esto incluyó material rodante, estaciones y otros bienes.

A partir de entonces comenzó también un proceso de venta y remate de diversos elementos ferroviarios. Algunos objetos, documentos y materiales terminaron en espacios como el Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos, en Puebla. Pero las estaciones siguieron enfrentando una situación distinta.

Ahumada mencionó, por ejemplo la estación de San Pedro, que continúa siendo propiedad de Ferromex y mantiene funciones relacionadas con la operación ferroviaria.

El caso de Gómez Palacio fue diferente. La antigua estación quedó cercada después de que comenzara a ser vandalizada y, desde entonces, indicó, permanece prácticamente abandonada.

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LA IMPORTANCIA DE SU RESCATE

La estación forma parte de una infraestructura ferroviaria que durante décadas estuvo ligada a actividades productivas, comerciales y de transporte. Recuperarla implica considerar tanto su valor patrimonial como las condiciones actuales del espacio.

Para Ahumada, la importancia de la construcción va más allá de sus paredes: “Es un edificio antiguo que representa una parte fundamental de todo lo que mencioné”. Se encuentra precisamente en el sector donde se instaló la primera estación y, desde su perspectiva, fue aquella infraestructura la que generó un cambio radical en la Comarca Lagunera.

Por eso consideró fundamental que la sociedad conozca la historia del inmueble.

El rescate, explicó, no debería limitarse a reparar una construcción. También tendría que recuperar el significado que tiene para la ciudad y para la región.

“Mientras no se ponga esta historia en el entorno, y nadie la conozca, entonces el edificio no representará nada para la gente”, advirtió.

La frase resume uno de los principales desafíos que enfrenta la antigua estación: conseguir que deje de ser sólo una edificación abandonada para convertirse nuevamente en un lugar capaz de contar la historia de la ciudad en la que fue construida.

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