Cómo trabajar la frustración en los menores | Estrategias efectivas
La frustración es una sensación de insatisfacción o fracaso que llega cuando no se alcanza lo que se desea. Esta emoción se relaciona, por la manera en que se manifiesta, con la ira y la decepción, y puede estar presente en toda la vida, aunque se suele ver en la infancia porque forma parte del proceso de aprendizaje.
No lograr una adecuada gestión de la frustración lleva a episodios protagonizados por rabietas, aparición de tristeza, ansiedad, o problemas de autoestima que pueden perdurar a edades más avanzadas.
En un niño, la frustración puede nacer por distintas razones, como en no contar con el conocimiento necesario para concluir una tarea, no satisfacer de manera inmediata un deseo o al tener una percepción de injusticia en los entornos en los que se desarrolla.

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Un equipo de investigadores analizó datos de una encuesta sobre los hábitos en las redes sociales recopilados entre 2023 y 2024Sin embargo, la frustración es una emoción que se puede superar con un trabajo y el apoyo de los adultos, a fin de convertir en aprendizaje una experiencia que es, en principio, negativa.

Estrategias para trabajar la frustración en pequeños
Para evitar la frustración en los más pequeños, la asociación Aldeas Infantiles, destaca una serie de herramientas dedicadas a trabajar, poco a poco, las maneras de lidiar con la frustración. Son las siguientes:
Comunicación emocional: enfocada en el reconocimiento de emociones, en donde se debe entablar un diálogo para conocer y que los pequeños hablen sobre cómo se sienten. Esto se puede complementar con la lectura de libros didácticos enfocados en reconocer las distintas emociones.

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La especie llamada Xenovenator espinosai en honor a un paleontólogo de la UNAM, vivió en tierras coahuilenses hace alrededor de 73 millones de añosSolucionar problemas: el adulto debe enseñar al niño que existen maneras de solucionar los retos. Se debe crear un entorno en el que se acepte el error como parte del aprendizaje.
Expectativas: dependiendo de las capacidades del menor, se deben crear expectativas ajustadas a la realidad, tanto en tiempo como en alcance. El adulto también debe explicar que a veces las cosas no salen como uno espera, pero no es necesariamente algo malo.
Trabajar la paciencia y el autocontrol: son parte esencial para evitar la frustración. Los juegos como “Simón dice” o ejercicios de respiración son de utilidad, así como conocer la recompensa del esfuerzo a largo plazo.