El Xenovenator espinosai habitó en México unos cuatro o cinco millones de años antes de la caída del meteorito en la actual Península de Yucatán. Foto: especial
Entre 2000 y 2004, en los municipios de General Cepeda y Parras de la Fuente, fueron recuperados restos fósiles de una especie de dinosaurio relacionada con el origen de las aves: Xenovenator espinosai.
El nombre de la especie se otorgó este año en reconocimiento a la trayectoria de Luis Espinosa Arrubarrena, jefe del Museo de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México, destacado estudioso e investigador de la fauna del Mesozoico.
A pesar de que el hallazgo paleontológico sucedió a principios de los 2000, no fue hasta el pasado 9 de enero de 2026 que se publicó la descripción oficial de la especie en la revista científica Diversity. En ella se señala que el Xenovenator espinosai habitó la Tierra durante el periodo Cretácico Tardío, es decir, hace alrededor de 73 millones de años, cuando predominaban las planicies costeras, ríos, lagunas y aguas poco profundas.

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Se trata de la primera especie de troodóntido nombrada formalmente en México, la cual había sido documentada en sitios como Europa, Asia y Norteamérica.
La familia de los troodóntidos era un grupo de dinosaurios pequeños y medianos terópodos que se encuentran estrechamente asociados con el origen evolutivo de las aves, razón por la cual comparten ciertas similitudes, como una cubierta de plumas y dientes pequeños y puntiagudos.

Alcanzaba los tres metros de longitud y entre 60 a 70 centímetros de altura, lo que le convirtió en uno de los troodóntidos de mayor tamaño.

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El hallazgo de Spinosaurus mirabilis reabre el debate sobre dinosaurios acuáticos del CretácicoAdemás, poseían cerebros relativamente grandes y sentidos altamente desarrollados, en especial el oído y la visión. Incluso, la anatomía de su dentadura, según el investigador, podría dar pistas sobre su alimentación, pues su estructura serrada les habría permitido alimentarse de animales pequeños en las costas, tales como reptiles y peces.
Su cráneo tenía una forma peculiar (abovedado, muy grueso y rugoso), pues tan solo los huesos frontales y parietales alcanzaban hasta 12 milímetros de grosor. Esta característica deja entrever que las adaptaciones pudieron derivarse de disputas reproductivas, territoriales o jerárquicas, sin embargo, no existe evidencia científica que lo corrobore.
En la actualidad, de acuerdo con un boletín de la UNAM, esta especia se le ha asociado con "un género de aves que no vuela y vive en el sudeste asiático: los casuarios".

Es así como el descubrimiento del Xenovenator espinosai fortalece la consolidación de Coahuila como la "capital mexicana de los dinosaurios", tierra que resguarda las huellas de nuestro pasado.

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