Cuando el cuerpo se hincha: esto es lo que intenta decirte
Sentir pesadez en las piernas al terminar el día o la dificultad de quitarse un anillo de las manos no siempre son consecuencias del cansancio. Esa sensación de hinchazón puede tener como causa la retención de líquidos, un padecimiento que científicamente se denomina “edema” y que consiste en una acumulación excesiva de agua en los tejidos que rodean las células.
Esta manifestación activa las alarmas sobre el funcionamiento del organismo y las personas afectadas suelen percibir este padecimiento de manera más evidente en los tobillos, los pies y las manos debido al efecto de la gravedad.
El equilibrio
En un cuerpo sano, el sistema circulatorio y el linfático mantienen un equilibro preciso de los líquidos. Este balance está regulado, principalmente, por dos fuerzas: la presión hidrostática, que es la que empuja los fluidos hacia afuera de los vasos sanguíneos, y la presión oncótica, que es ejercida por proteínas como la albúmina, que retiene el agua dentro de la circulación.
Cuando este equilibrio se rompe, ya sea porque la presión dentro de las venas aumenta o porque bajan los niveles de proteínas en la sangre, el líquido se filtra ampliamente hacia los tejidos circundantes, provocando la inflamación visible en las extremidades del cuerpo.

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El cuerpo necesita agua porque compone cerca del 70% del organismo y es indispensable para transportar nutrientes, regular la temperatura y eliminar desechos
Causas y alertas
Los detonantes de la retención de líquidos varían considerablemente en gravedad y origen, dividiéndose en factores transitorios y patologías crónicas. Estas incluyen:
- Estilo de vida y hábitos: cuando se pasa muchas horas de pie o sentado en la misma posición se ralentiza el retorno venoso, permitiendo que los fluidos se acumulen en las extremidades inferiores. Asimismo, el consumo excesivo de sal obliga a los riñones a retener más agua para mantener el equilibrio osmótico.
- Fluctuaciones hormonales: algunas condiciones en las mujeres, como el embarazo, el ciclo menstrual o la menopausia, alteran los niveles de estrógeno y progesterona. La caída de esta última hormona debilita su efecto diurético natural, propiciando que el cuerpo absorba más sodio y agua.
- Efectos secundarios de medicamentos: ciertos fármacos de uso común, como los recetados para la hipertensión, o algunos antiinflamatorios, modifican la resistencia vascular y favorecen el desarrollo de edemas bilaterales periféricos.
- Enfermedades no diagnosticadas: cuando el edema es severo y generalizado, suele ligarse a disfunciones orgánicas más graves. Por ejemplo, en la insuficiencia cardíaca, el corazón pierde fuerza para bombear sangre, lo que eleva la presión en las venas y causa acumulación de líquido.

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Este procedimiento permite realizar operaciones complejas mediante una sola incisión
Evitar la automedicación es crucial en estos casos, ya que no se tiene un diagnóstico preciso que pueda respaldar el uso de algún fármaco, por lo que se recomienda asistir con un especialista para obtener una valoración.