Además de lidiar con la desaparición, las personas que buscan a sus familiares se enfrentan a complicaciones de salud física y mental.
“Son cosas muy pesadas en cuestión de que la salud se va deteriorando. […] Es como una gotita del corazón que cada vez está goteando, o sea, con el tiempo te afecta.”
Martín Cruz Batres López, de 63 años, es papá de Cruz Martín Batres Ramírez, desaparecido el 10 de noviembre de 2012, visto por última vez al terminar su jornada laboral. Han pasado casi 14 años y Martín continúa su búsqueda, ahora sin la compañía de su esposa María Guadalupe Ramírez, quien falleció hace poco más de 2 años y medio tras desarrollar enfermedades relacionadas con “el azúcar” y sufrir una embolia. Murió sin conocer el paradero de su hijo.
4 años antes, el 13 de agosto de 2008, Irma Claribel Lamas López, Cari, salió de su casa y su mamá, Lucy López Castruita, de 55 años, no la ha vuelto a ver. La salud de Lucy se ha ido deteriorando con el paso del tiempo.
“Ya está muy afectada la salud. Ya, ya, ahora sí estamos acabándonos.”
Silvia Sánchez tiene 63 años y lleva casi 22 años buscando a su hija Silvia Stephanie Sánchez Viesca, Fanny, que no regresó a su casa después de salir la noche del 5 de noviembre de 2004. Explicó que los problemas de salud que la afectan hoy en día son resultado del trabajo de búsqueda en campo que realiza junto al colectivo de buscadoras Grupo VI.D.A (Víctimas por sus Derechos en Acción).
“La mayoría de las enfermedades que estamos padeciendo todas las madres y padres de personas desaparecidas, en los padres y madres es diabetes y cáncer, en los jóvenes son las adicciones, ya sea hijos o hermanos”.

La desaparición más todo lo demás
Erika Soto, formada en sociología y antropología social, acompaña colectivos de búsqueda desde hace 8 años e identifica dos etapas que atraviesan un proceso de desaparición.

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Primer momento: la noticia y las primeras búsquedas
“Cuando una persona desaparece, lo primero que ocurre es que se viene un mundo de preguntas, de incertidumbres, de angustias […] que mantienen el cuerpo en un estado muy alerta”. - Erika Soto.
Este primer momento de incertidumbre se puede entender como el inicio de un proceso de “duelo ambiguo”. “Es un duelo que no se cierra. Es un duelo ante la incertidumbre de lo que pasa con su familiar. […] No saber si están vivos o si están muertos”, comenta Elena Gutiérrez, psicoterapeuta que también tiene experiencia acompañando a colectivos de búsqueda.
A esto se agrega el hecho de que los casos de larga data, como los de Cruz, Cari y Fanny, se dieron en una época en donde los mecanismos que ofrecía el Estado resultaban aún más deficientes que ahora y todavía no se consolidaba la acción organizada que han desarrollado los colectivos de la región. De acuerdo con Erika, no existía claridad sobre lo que se tenía que hacer y respuestas de los ministerios públicos como "va a regresar, no se preocupe, regrésese a su casa” ponían a la persona en una posición que les obligaba, y les sigue obligando, a iniciar la búsqueda por su cuenta.

De acuerdo con Elena, las personas y familias buscan de manera individual presentan un desgaste mucho mayor y la desesperación llega más rápido, una desesperación que, en palabras de Erika, las lleva a emprender la labor “como pueden y con los medios que pueden”.
Iniciar el proceso de esta manera involucra una sensación de soledad y aislamiento que las lleva a entender la situación como un problema personal y no permite llevarlo a la dimensión social, asumiendo la desaparición como algo por lo que solo ellas se ven afectadas.
“Desde lo individual no hay dónde agarrarse, no hay con quién agarrarse”. - Elena Gutiérrez, psicóloga.
Pérdida del sueño y del hambre, angustia, depresión, insomnio, trastornos de estrés postraumático y trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son algunas de las consecuencias mencionadas tanto por Elena como por Erika que van surgiendo ante esta situación.
“Sumidas en ese contexto de depresión, muy vinculado con el hecho de que no haya una respuesta por parte del Estado, muchas de ellas caen en depresiones muy profundas que en muchos de los casos que nosotros documentamos nos manifestaban intenciones suicidas, de no querer vivir con esa sensación de ausencia”, señaló Erika Soto.


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Las repercusiones de la desaparición se van transformando cuando quienes viven una ausencia de este tipo se empiezan a encontrar con otras personas que atraviesan la misma situación.
Elena menciona que el hacer comunidad surge como una “cuestión de supervivencia” que les ayuda a adaptarse a su nueva normalidad, “sabes que hay alguien que sí o sí te va a entender […] tienes la certeza de que alguien sabe por lo que estás pasando”. La colectividad mitiga los efectos de la soledad y desesperación que aparecen en un primer momento.
Sin embargo, en cierta medida esto también complejiza las consecuencias de la desaparición.
Por un lado, la psicóloga agrega que el desgaste disminuye, pues las tareas de búsqueda se comienzan a “repartir” e incluso cada una se especializa en alguno de los aspectos que esta labor implica.
“Dentro de la colectividad hay quienes se hacen expertas en la materia legal. En la materia de búsqueda hay quienes se hacen expertas. Luego hay quienes se hacen expertas en mapeo”. - Elena Gutiérrez.
Por el otro, según comenta Erika, el tipo de búsqueda que cada colectivo decide adoptar trae consigo otras cuestiones no propias de la desaparición pero que influyen en las formas que se va viendo afectada cada persona de acuerdo a condiciones como el género, la clase social, o la situación laboral.
“Es muy complejo pensar la desaparición de un esposo que fungía como proveedor, pues las implicaciones físicas para la mujer van a ser diferentes porque además de tener una ausencia de un familiar, también tienen una situación económica que se tiene que resolver para poder sostener a la familia”. - Erika Soto.
Por ejemplo, después de la desaparición de Fanny, el proyecto de vida de Silvia y su familia cambió por completo. Su esposo, quien vive con diabetes, se vio obligado a renunciar de su trabajo y hasta la fecha sigue intentando desarrollar algún negocio, sus hijos se enfrentaron a carencias para poder terminar su carrera y Silvia tenía una plaza de maestra que con el paso del tiempo no pudo mantener a pesar de su buen desempeño en exámenes que la llegaron a colocar en la posición 19 a nivel nacional.
“Me bajaron de maestra a secretaria. Ahorita ya que me jubilo, me llegó nada, estoy recibiendo mensualmente 8,000 pesos.” añadió Silvia Ortiz.
Martín se vio en una situación similar. “Me corrieron del trabajo, ya no te dan trabajo”. Actualmente labora en el municipio gracias a un amigo que lo apoyó para conseguir el empleo.
El caso de Lucy no es la excepción. “Pues ya todo dio un giro, ¿no? porque cuando mi hija estaba aquí teníamos negocios, los fui cerrando. Cerré lo que era nuestra fuente de trabajo y pues a la búsqueda y a batallarle”.

Los efectos de vivir buscando
Berenice Martínez, enfermera general y trabajadora de la jurisdicción sanitaria número VII en el municipio de Francisco I. Madero, atendió durante 5 años a personas dedicadas a la búsqueda en campo. De acuerdo con la experiencia de la enfermera, tanto la alimentación como la hidratación resultan factores determinantes frente a las condiciones bajo las que se realiza la búsqueda, que implica prolongadas jornadas bajo el sol.
“Es muy importante que ellas tomen bastante líquido y a veces sí, se pasan de lo normal trabajando”.

Ante la pregunta sobre si la búsqueda en campo tiene algún efecto negativo o ha provocado enfermedades en las buscadoras, Berenice respondió que no, que eso “no influye”. Sin embargo, Silvia compartió de manera amplia cuáles son los problemas físicos que han surgido en ella y sus compañeras al emprender esta tarea.
“De la rodilla está enferma Concepción, Norma (integrantes de Grupo VI.D.A.), tu servidora, y de la vista todas, y de la situación respiratoria creo que todas porque es mucha la tierra que absorbemos. Entonces estamos con padecimientos de sinusitis, por ejemplo”.
Agregó también que ella en particular, además de necesitar una prótesis para su rodilla, sufre de cataratas y ha perdido casi por completo la vista en el ojo derecho.
“Haz de cuenta que siento como si tuviera una tela mosquitera en el ojo”. - Silvia Ortiz.
Los problemas de la vista son parte de las consecuencias de la búsqueda en campo, cuya actividad principal es la identificación de restos humanos. El reducido tamaño de las osamentas, resultado del método de exterminio utilizado por el crimen organizado, provoca un uso forzado de la vista que ha resultado en la necesidad de lentes, según explicó Erika Soto. Compartió, además, que los daños en las rodillas y la espalda nacen al mantener cierta postura prolongada sobre la criba, instrumento tipo cernidor utilizado para dividir los restos óseos de la tierra y las piedras.
Por otro lado, la búsqueda en vida, en la que participan Martín y Lucy, está caracterizada por largas jornadas dentro de centros penitenciarios y de rehabilitación.

Entre lo que comentó Erika, socióloga y antropóloga social, destaca el hecho de que al estar, por ejemplo, buscando indicios en un penal, se puede perder la noción del tiempo y olvidar alimentarse e hidratarse.

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El trabajador social recordó que la mencionada caravana se realizará en dos etapasEsto último nos refiere a la adopción de hábitos nocivos para la salud que son independientes del tipo de búsqueda ejercida y más bien propios de ser víctimas “indirectas” de la desaparición; en un intento de evasión o como una manera de lidiar con el estrés surge el consumo extremo de tabaco, de alcohol y de medicamentos para “mantenerse dormidas".
Los problemas relacionados con el estrés son una constante. En el caso Martín y su familia, su esposa murió a causa de una embolia relacionada con altos niveles de azúcar, situación asociada con los altos niveles de estrés. Martín tampoco está exento, tiene problemas de la presión y de la vista; a pesar de esto, confesó que no se ha atendido de manera adecuada.
“No, yo por decir no me atiendo. Yo digo que me siento bien. Sí, he estado yendo, pero nomás es cuestión de la presión. Yo me siento bien, gracias a Dios, pero eso dice uno, bien entre comillas, pero por dentro se está uno acabando lentamente, pero así es este proceso. Mientras que no sepas, mientras que no haya noticias de tu hijo, pues no”.

A Lucy le diagnosticaron diabetes hace 3 años, mencionó que “le entró el azúcar por tanto impacto que tenemos”.
“No saben cuántos años hace que ya me había entrado y yo no me daba el tiempo de atenderme por estar en la búsqueda siempre. […] Me dijeron que ya era de por vida el tratamiento que conlleva para la enfermedad esta, entonces yo por mayor rapidez, porque siempre ando corriendo, nada más tomo algo naturista rápido”.
Atender sus enfermedades ha sido un obstáculo para Lucy y también para Silvia, pero más allá del estado de salud en concreto, la respuesta del Estado es un factor determinante para el digno acceso a tratamientos y consultas médicas.
Y el gobierno, ¿qué está haciendo?
Lucy aseguró que el personal de un centro médico al que acudió en Torreón no fue comprensivo con su situación al darle su diagnóstico de diabetes.
“Si me han regañado, pero precisamente porque no me he atendido como es, ¿no?, entonces fue mi mala experiencia que tuve con el médico, pues fue muy duro cuando me dijo de mi enfermedad y por eso ya no quise regresar. Si es una irresponsabilidad de mi parte, pero pues ya no me quedaron ganas de regresar”.
Silvia ha tenido experiencia con distintos centros de salud al buscar atender el problema en su rodilla. En el Instituto de Servicio Médico Sección 38, para trabajadores y trabajadoras de la educación, le respondieron que “no tienen material para operarme, ni maquinaria ni nada”, después, con el apoyo de la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención a Víctimas (CEAV) solicitó atención en el Seguro Social, en donde le dijeron “que ya estoy grande, que ya me quede en mi casa”, mientras que en el Hospital General le realizaron estudios médicos de tercera dimensión, los cuáles llevó a su consulta médica en un disco, como se los entregaron. El médico que la atendió le exigió que llevara los resultados en formato impreso.
“Cuando me contestó eso, a mí honestamente me dio mucho coraje y yo le dije, "Oiga, señor, esto no se puede imprimir." Dice, "pues es tu problema, yo los quiero impresos". Y entonces me salí y le dije a la Comisión Ejecutiva que gracias por la intención”.
Finalmente consiguió tratamiento por medio de infiltración con inyecciones que lleva 7 meses esperando.

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El calor ha comenzado a cobrar factura a los padres buscadores del grupo, provocándoles 'golpes de calor', aunque al momento ninguno de gravedadLa protección de los derechos de la víctima de un delito están establecidos en el artículo 20, apartado C, de la Constitución, y entre ellos está contemplada la atención médica. Según Ricardo Martínez Loyola, titular de la CEAV, la intención del Estado mexicano es otorgar herramientas para que las personas pudieran exigir y ejercer sus derechos, sin embargo, la desaparición de personas se presenta como “una problemática tan extraordinaria” para la que “los mecanismos o las instituciones ordinarias no van a resultar suficientes”.
Frente a esto surgieron las Comisiones de Víctimas y de Búsqueda, que para Ricardo son el resultado de lo que han alcanzado las “víctimas en su lucha por la justicia y la verdad”.
Las CEAV se trabaja sobre 4 ejes: Asesoría Jurídica Estatal de Víctimas y Atención Inmediata, Registro Estatal de Víctimas, Fondo de Ayuda Asistencia y Reparación y Políticas Públicas. En el caso del Fondo, las medidas de ayuda tienen que derivar del hecho victimizante, es decir, debe tener una relación directa con la desaparición; un familiar de una persona desaparecida no guarda esta relación y por lo tanto, a nivel federal no se contemplan medidas de ayuda para ellas, que serían “víctimas indirectas”.

En el caso de Coahuila, se cuenta con el Programa Integral de Atención a Familiares de Personas Desaparecidas (PROFADE), que de acuerdo con el titular de la CEAV, sería el único Estado con un programa de este tipo.
“Es un programa que primero busca hacer gestión ante las instituciones del Estado y luego si no, tiene un fondo de recursos económicos que permite que, en caso de que una acción no pueda ser realizada por el gobierno del estado, se pueda pagar o cubrir con ese fondo”. - Ricardo Martínez.
Además, están implementando otra iniciativa llamada PRIMECAVI o Programa para la Mejora de Calidad de Vida de las familiares de personas desaparecidas a través de la emisión de una credencial con la que las personas pueden acudir a centros de salud estatales y acceder a los servicios sin la necesidad de tener una derechohabiencia ahí.
Silvia mencionó que compañeros han intentado acudir para recibir atención con la credencial y se han topado con que el personal médico de los hospitales desconoce de su existencia. Esto coincide con las áreas por mejorar mencionadas por Ricardo.
“Tenemos que fortalecer que todos los servidores y servidoras públicas que trabajan en estos centros de salud, en estos hospitales, conozcan el programa a la perfección y puedan dar una priorización a la atención. […] La falta de sensibilidad, a veces, del personal médico ante este tipo de tragedias que lo desconocen, pues es una realidad”.
En caso de que las personas no consigan atención en los servicios de salud federales, y tampoco en los estatales, el fondo del PROFADE entra como una herramienta para acudir a centros particulares.
Ricardo comentó que este fondo tiene un presupuesto autorizado de 5 millones de pesos. El Centro de Convenciones de Torreón, de acuerdo con el Presupuesto de Egresos 2026, tiene asignados 6 millones 771 mil pesos.

Todavía no es suficiente
Mas allá de los obstáculos, el titular de la Comisión aseguró que su objetivo es el empoderamiento de las víctimas y el pleno ejercicio de sus derechos para poder trabajar hacia la restauración de sus proyectos de vida.
“Esos pequeños logros, a veces son poco, pero creo que para las víctimas son muy significativos”. - Ricardo Martínez, titular de la CEAV.
Por otro lado, aunque reconoció que se están haciendo cosas, Erika Soto hizo énfasis en las deficiencias del servicio de las autoridades.
“Creo que han sido como instancias que han surgido como una demanda de las familias y que hacen un trabajo, pero el trabajo me parece que es insuficiente”. - Erika Soto, socióloga y antropóloga social.
De manera similar, Elena recalcó que a pesar de reconocer que hay personal capacitado, la existencia de los colectivos es una muestra de que el Estado está fallando.
“Muchas veces el Estado entorpece, muchas veces el Estado es quien pues quien realmente obstaculiza que los procesos se lleven de manera debida”. - Elena, psicoterapeuta.
Silvia considera que el gobierno mexicano queda a deber mucho a las víctimas con respecto a la investigación, la atención y los proyectos de vida tanto de la persona desaparecida como de las familias.
“Por mucho que el gobierno ha hecho, no ha podido. La intención la tiene y los resultados no existen. […] Hay mucho por hacer y lo poco que nos dan nos los dan con muchos requisitos”. - Silvia Ortiz, madre buscadora.

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