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EL PROCESO

DANIELA SUÁREZ

Hay algo que pocas personas saben de mí: soy muy selectiva con el contenido que consumo en redes sociales. No sigo cuentas porque sean tendencia ni porque tengan millones de seguidores. Si una persona llega a mi pantalla y permanece ahí, es porque encuentro autenticidad, disciplina y una historia que vale la pena observar. Me gusta ver cómo alguien construye su camino desde cero, cómo enfrenta los obstáculos y cómo, paso a paso, encuentra la manera de salir adelante sin dejar de ser quien es.

Hace casi tres años encontré el contenido de Jonathan Montalvo, conocido en redes sociales como El Canadiense o Canadiense Urbex, creador originario de Veracruz. Más allá del tema de la exploración urbana o paranormal, lo que llamó mi atención fue observar el proceso de una persona que decidió construir un proyecto con constancia, mostrando siempre su esencia y enfrentando las críticas sin abandonar su camino.

Con el paso del tiempo, como sucede con muchos creadores que comienzan a crecer, también aparecieron los comentarios de odio, las burlas y quienes parecían más interesados en verlo fracasar que en reconocer el esfuerzo detrás de cada publicación. Y fue entonces cuando comprendí que el verdadero desafío no siempre está en crear contenido, sino en mantenerse firme cuando otros intentan detener tu crecimiento.

Vivimos en una época en la que las redes sociales representan una oportunidad para miles de personas. Hoy cualquiera puede comenzar con un teléfono celular, una idea y muchas ganas de trabajar. Son una herramienta que ha permitido que muchos encuentren una forma honesta de salir adelante. Sin embargo, también vivimos en una sociedad que pocas veces respeta el proceso de los demás.

Hay personas que desean resultados inmediatos y, cuando observan que alguien comienza a destacar, en lugar de inspirarse, buscan desacreditar su trabajo. Critican, inventan rumores, lanzan comentarios ofensivos o incluso intentan apropiarse de ideas ajenas. Pareciera que para algunos resulta más sencillo destruir que construir.

Cada persona tiene una línea de tiempo distinta. Hay quienes alcanzan sus metas en poco tiempo y quienes necesitan años para llegar a ellas. Ningún camino es igual, porque cada historia está escrita con circunstancias diferentes. Comparar procesos es uno de los errores más comunes que cometemos como sociedad.

Lo que vemos en un video de unos cuantos segundos representa, muchas veces, cientos de horas de trabajo, sacrificios, dudas, caídas y aprendizaje. Detrás de una publicación hay desvelos, decisiones difíciles y una perseverancia que casi nunca aparece frente a la cámara. Por eso, antes de juzgar el éxito de alguien, vale la pena recordar que estamos viendo el resultado, no todo el camino que recorrió para llegar hasta ahí.

También he aprendido que las palabras tienen un peso enorme. Un comentario puede convertirse en el impulso que alguien necesitaba para seguir adelante, pero también puede ser la razón por la que una persona abandone un sueño. Nunca sabemos las batallas que enfrenta quien está del otro lado de una pantalla.

Quizá por eso también me llaman la atención los contenidos relacionados con lugares marcados por la historia, como antiguas construcciones o cementerios. Independientemente de las creencias de cada persona, hay quienes consideran que existen sitios donde permanecen emociones intensas como el dolor, el miedo o el rencor. Más allá de creer o no en lo paranormal, esa idea me lleva a pensar que la verdadera energía negativa también nace de nuestras acciones cuando elegimos la envidia, el odio o el deseo de hacer daño a otros.

No hace falta creer en fantasmas para entender que existen personas que buscan apagar la luz de quienes apenas comienzan a brillar. Esa negatividad se refleja en el hate, en las burlas disfrazadas de opiniones y en quienes encuentran satisfacción al intentar destruir el trabajo ajeno.

Estoy convencida de que todo lo que sembramos termina regresando. Si compartimos respeto, recibiremos respeto. Si actuamos con empatía, encontraremos empatía. Pero si dedicamos nuestro tiempo a destruir los sueños de otros, tarde o temprano enfrentaremos las consecuencias de nuestras propias acciones.

Historias como esta me recuerdan que ningún proyecto crece sin enfrentar críticas y que la constancia siempre termina hablando más fuerte que cualquier comentario de odio. Al final, el tiempo pone a cada quien en el lugar que le corresponde.

Respetemos los procesos. Cada persona está escribiendo una historia distinta y nadie tiene derecho a arrancar páginas del libro de otro. Mientras algunos invierten su tiempo en criticar, otros siguen construyendo sus sueños. Y quizá esa sea la mayor lección: el éxito no pertenece a quien llega primero, sino a quien tiene la paciencia, la disciplina y el carácter para no rendirse en el camino.

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