Los votantes en todo Estados Unidos hacen oír su voz y determinan qué partido controlará el Senado y la Cámara de Representantes, además de elegir a quiénes ocuparán cargos de gobernador, en legislaturas locales y otros puestos de liderazgo estatales durante los dos últimos años de la presidencia del republicano Donald Trump.
Lo que muchos de ellos perciben es que el Estados Unidos que han conocido se esfuma.
Observan ilegalidades que emanan de quienes dictan las leyes. Ven a los políticos avivar el odio entre vecinos, corrupción en todas partes, multimillonarios que llevan las riendas y una cultura que no refleja cómo viven -en resumen, que los cimientos de Estados Unidos están en peligro de desmoronarse-. Eso sin mencionar los desorbitados precios de la gasolina.
A esto se suma el que una eventual derrota de los republicanos en las elecciones intermedias podría complicar la agenda legislativa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pero no necesariamente reducir las presiones de su Gobierno sobre México.
De concretarse un resultado no favorecedor para los republicanos, el presidente estadounidense podría concentrar mayores esfuerzos en la política exterior, particularmente en el combate al narcotráfico y al crimen organizado.
De acuerdo con un análisis de Integralia, el control demócrata de una o ambas cámaras del Congreso aumentaría las investigaciones y la fiscalización sobre la Administración de Trump, lo que intensificaría la confrontación política interna y podría llevar al Mandatario a buscar resultados en el ámbito internacional para consolidar su legado.
"Frente a mayores restricciones internas, Trump podría concentrar sus esfuerzos en política exterior para construir su legado, incrementando las presiones sobre México", indica el análisis, coordinado por Luis Carlos Ugalde y en que colaboraron Sebastián Farfán y Emilio Rocha.
El combate al narcotráfico, que cuenta con mayor consenso bipartidista en Estados Unidos que otros asuntos internacionales, como las guerras en Irán y Ucrania, podría adquirir mayor protagonismo y traducirse en nuevas exigencias de cooperación hacia México.
Entre ellas figuran mayores presiones para extraditar objetivos prioritarios, emprender acciones contra organizaciones criminales y reforzar la colaboración en materia de seguridad, establece el análisis.
"No pueden descartarse nuevas amenazas de acciones unilaterales", indica.
La agenda bilateral también estará marcada por la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), cuya incertidumbre se prolongará durante los próximos años, independientemente de qué partido controle el Congreso estadounidense.