Futbol y salud mental: su impacto en el espectador
La justa mundialista de este año despertó un sin fin de emociones tanto en cancha como fuera de ella. Se convirtió en un fenómeno social que mantuvo a más de uno al borde de su asiento y, a su vez, captó la atención de varios investigadores y académicos, como David Amaya Mora, académico de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
De acuerdo con Amaya, es normal que el espectador desarrolle una gama de emociones durante un partido. Sin embargo, los focos de alerta se encienden cuando las emociones, que son respuestas, intensas, automáticas y de corta duración, trascienden después de dos semanas consecutivas y representan un obstáculo para realizar actividades cotidianas o, incluso, un impulso para tener conductas de riesgo.
Fisiología del espectador
Según el profesor Víctor Manuel Rodríguez Molina del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UNAM, para el artículo “Los efectos psicológicos de ver futbol”, el ser humano tiene un circuito de recompensa cuyo alimento son las cosas placenteras. El fútbol es una de ellas. Si el equipo gana, el circuito se nutre, pero si pierde, el circuito decae.
Esto sucede en cualquier evento deportivo: “ya no se piensa con la corteza prefrontal, encargada del proceso de razonamiento y toma de decisiones, sino con la amígdala, que es una estructura en nuestro cerebro que solo funciona por medio de emociones. Al ver deportes, afloran emociones sin censura. Es un terreno permitido para que vivamos lo que sentimos con más intensidad”.

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Descubre cómo identificarla para recibir un diagnóstico certero, evitar la automedicación y, de ser el caso, la cronificación de una migraña episódicaEl perder la razón es una puerta de entrada hacia actitudes violentas. Porque, “si bien las emociones negativas no desencadenan actitudes violentas, sí pueden dar pie a que afloren”, se lee en el artículo. La combinación entre impotencia, tristeza e ira puede desembocar en agresiones si el freno (lóbulo frontal) no es suficiente, entonces es señal de un escenario patológico, “porque violentar a otro no es algo normal” enfatiza Víctor Manuel. Por ello, el profesor añade que “en algunos casos, la derrota puede ser el detonante de antecedentes patológicos importantes”.
La derrota es más difícil
El interés por el fútbol es el resultado de una compleja interacción de factores que transforman un deporte en una pasión profunda. Entre ellos se incluyen el sentido de identidad y pertenencia, la cultura local, vinculación familiar, escape emocional, proyección de las propias aspiraciones y más.
Las reacciones dependen de qué tanto forma parte de la cotidianidad de cada persona, pues para algunos “si el equipo pierde, no supone gran aflicción porque para su sistema de valores no es importante. En cambio, para otras es fundamental”, se lee en el artículo “¿Influye el futbol en nuestra salud mental?”.

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Algunos niños tienen dificultades para interactuar y el motivo puede ser ansiedadPara un apasionado del fútbol la victoria suele ser algo efímero, mientras que la derrota tiene un mayor impacto. Rodríguez detalla que esto se debe a expectativas en el equipo. Entonces, la derrota afecta porque se piensa “mi equipo no es tan bueno como yo creía”, lo que puede confrontar con una serie de vivencias personales y desalentar por el simple hecho de que representa una pérdida.
Atención profesional
No solo en casos de ira y depresión es necesaria la atención profesional. Amaya explica que es fundamental identificar cuando la euforia se convierte en un episodio maníaco prolongado. Esto da señales como impulsividad, apostar más, efectuar gastos imprudentes, molestar a otras personas, practicar relaciones sexuales sin protección, conducir a alta velocidad, entre otras. En ambos casos, es imprescindible acudir a una valoración.