Isabel Allende publica 'La palabra mágica', donde a través de la no ficción habla del poder de la escritura
Una de las plumas más relevantes del panorama iberoamericano regresará a las estanterías este próximo 14 de abril.
En ‘La palabra mágica’ (Plaza Janés, 2026), la autora Isabel Allende (Lima, 1942) ha explorado la escritura de no ficción para hablar de la magia de la creación y del poder de las palabras.

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En un encuentro virtual con medios de comunicación acontecido durante la mañana de este jueves, Isabel Allende presta tiempo para conversar sobre su nuevo libro. Se describe como una mujer entregada por entero a la literatura, en una vida muy simple y libre. No obstante, reconoce que actualmente existe una cierta censura en Estados Unidos (país donde reside) respecto a temas históricos, raciales y de lucha laboral.
En ‘La palabra mágica’, la autora vuelve a demostrar una pasión latente por el oficio de escribir. Indica que tal fuelle responde a su hiperactividad y disciplina. Se trata de su trabajo, de su modo de vivir y ver el mundo. El 8 de enero de cada año comienza a escribir un libro. Redacta diario, desde temprana hora, menos el domingo; es su única prioridad.
“Eso es lo que trato de decir en este libro, que si lo que quieres es escribir o dedicarte a cualquier trabajo creativo, la inspiración y el talento están fantásticos, pero sin la disciplina no llegas a ser nada. Y la disciplina me la metió mi abuelo cuando yo era muy chica y me ha servido en la vida tremendamente”.

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Isabel Allende comparte trucos, consejos para futuros escritores. Afirma que, para perder el miedo a teclear, hay que plantearse que no se va a escribir la gran historia americana. Solo hay que contar algo e ir viendo por el camino cómo se acomodan las cargas.
“Da miedo cuando uno piensa en un proyecto enorme. Si piensas ‘voy a escribir 400 páginas sobre tal y cual cosa’, la mayor parte de la gente se paraliza o se queda atrancada a mitad de camino. Pero si vamos día a día, página a página, tal como vivimos la vida, se va haciendo”.
A Isabel Allende le pesan las dos o tres primeras semanas del proceso de escritura. Durante ese tiempo trata de quitarse de la cabeza la ambición de hacer algo extraordinario. Se relaja sin perder la disciplina y únicamente se dispone a contar, a esperar que los personajes aparezcan y que cada capítulo se abra como una flor.

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“Y en cada apertura ves cosas nuevas que no se te habían ocurrido antes. Por eso no puedo escribir con un bosquejo, con un guion, porque en el guion no sé lo que va a pasar; sé lo que va a pasar día a día en la intimidad con los personajes y con lo que estoy contando. Entonces, el propósito de este libro, y creo que lo digo al principio, es quitarle el miedo a la gente. No sólo el miedo a escribir, sino el miedo a leer. La mayor parte de la gente joven de hoy tiene miedo de la página, porque están acostumbrados a la pantalla; lo quieren todo resumido, lo quieren todo visual y se pierde un poco el amor por la lectura en la página”.
Para la autora de obras como La casa de los espíritus (1982), la literatura es mágica, pues armar una historia es un proceso misterioso, orgánico y distintivo.