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No pidas civilidad cuando has vivido de la agresión, responde José Ganem a Antonio Attolini

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No pidas civilidad cuando has vivido de la agresión, responde José Ganem a Antonio Attolini

EL SIGLO DE TORREÓN

Este es un derecho de réplica solicitado por el exsecretario del ayuntamiento José Elías Ganem ante los señalamientos que ha realizado el diputado local Antonio Attolini.

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El texto íntegro de José Ganem es el siguiente:

La ciudadanía no vota discursos: evalúa conductas. Antonio Attolini ha convocado recientemente a la civilidad política. Tiene derecho a hacerlo. Lo que no puede pretender es que ese llamado sea recibido sin memoria ni contexto. Porque si algo ha marcado su trayectoria pública NO ha sido el debate respetuoso de ideas, sino la CONFRONTACIÓN PERMANENTE, la descalificación personal y la política convertida en espectáculo.

  • Attolini no discute argumentos: provoca.
  • No contrasta propuestas: ridiculiza personas.
  • No construye conversación pública: la degrada.

A ello se suma un patrón ampliamente conocido en el espacio público: cuando enfrenta episodios polémicos, su reacción no ha sido la autocrítica, sino la justificación y la victimización, siempre desde su propia narrativa.

En un caso relacionado con una detención por conducir bajo los efectos del alcohol, su versión pública no fue la aceptación de responsabilidad, sino la afirmación de haber sido víctima de un acto indebido. (29 de Junio 2025)

En otro episodio, tras un altercado físico, sostuvo haber sido agredido, omitiendo —según versiones difundidas en su momento— que la confrontación se dio cuando un ciudadano intervino en defensa de una mujer que se sintió acosada. (6 de Junio 2025)

No se trata aquí de emitir juicios legales ni de reabrir expedientes. Se trata de señalar un comportamiento recurrente en la vida pública: evitar la responsabilidad personal y trasladarla siempre a terceros, incluso cuando los hechos y los contextos ya eran conocidos por la opinión pública.

También es evidente —y legítimo decirlo— que este llamado tardío a la civilidad busca reencuadrar su imagen y hacer olvidar a la ciudadanía un comportamiento errático que él mismo construyó.

Attolini sabe que la memoria social existe y que, llegado el momento de la elección en la que pretende participar, las conductas pesan tanto como los discursos. Por eso hoy habla de respeto: porque entiende que los excesos, las agresiones y el show no se borran con una declaración y que, en democracia, la factura se cobra en las urnas.

Y para que no haya confusión: este texto no busca debatir con Antonio Attolini ni pretende convencerlo de que su comportamiento es equivocado. Quien ha normalizado la agresión y la descalificación personal difícilmente reflexiona cuando se le confronta con argumentos.

Esto es algo más simple y más claro: después de reiteradas expresiones ofensivas dirigidas no solo a mi persona, sino también a mi familia, ejerzo mi derecho a defenderme públicamente y a marcar un límite. La tolerancia no es sumisión, y el silencio no es obligación.

Hay, además, una línea que nunca debió cruzarse. Su peor error fue meterse con mi familia y, de manera especialmente grave, con mis hijos, que son menores de edad. Eso no es crítica política ni debate público: es una conducta inaceptable que vulnera cualquier estándar mínimo de ética y responsabilidad. En la vida pública se confrontan ideas; las familias y los niños no se tocan.

Podrá salir a negarlo, como suele hacerlo. Está en su derecho. Lo que no puede borrar es que los hechos ocurrieron y que existen elementos que los acreditan, incluso comunicaciones directas en las que le reclamé de manera expresa haber cruzado ese límite. No hago señalamientos al aire ni desde el arrebato: hablo desde la experiencia personal y desde hechos que conozco de primera mano.

La civilidad política no es una consigna selectiva ni un recurso para administrar crisis de imagen. Es una práctica cotidiana que se demuestra con hechos, no con discursos oportunos.

La congruencia no se proclama: se acredita con la conducta.

Con mi familia, y especialmente con mis hijos, no hay debate posible.

Firma: José Elías Ganem Guerrero

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Escrito en: Pepe Ganem Antonio Attolini

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