Ortorexia: cuando lo sano deja de ser saludable
“La ortorexia es un cuadro obsesivo-compulsivo caracterizado por una extremada apetencia y selección de alimentos considerados saludables. Este ritual conduce con frecuencia a una dieta restrictiva y un aislamiento social compensatorio”, así lo describe Javier Aranceta Batrina, doctor en nutrición y especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública, en la investigación “Ortorexia o la obsesión por la dieta saludable”.
Aranceta expone que las personas que la padecen, tienden a evitar obsesivamente los alimentos que contienen o podrían contener “colorantes, conservantes, pesticidas, ingredientes genéticamente modificados, grasas poco saludables o contenidos excesivos en sal, azúcares y otros componentes. La forma de preparación (verduras cortadas de determinada manera) y los materiales utilizados (sólo cerámica o sólo madera, etc.) también son parte del ritual obsesivo. Por el contrario, sienten una sensación confortable al configurar y hacer realidad un menú, una ración o un plato elaborado exclusivamente con productos orgánicos, ecológicos o con determinados certificados de salubridad”.
El término fue acuñado por el médico estadounidense Steven Bratman en 1997, a partir del griego orthos (correcto) y orexos (apetito), y describe una obsesión patológica por elegir alimentos que se consideran puros o saludables. Esta práctica no solo tiene que ver con que la persona decida qué comer, sino que ritualiza la forma de comprar, preparar o consumir su comida.

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Estos artículos vienen bien a todosAunque la motivación inicial puede parecer saludable, como un interés por mejorar la nutrición, prevenir enfermedades o aumentar el bienestar, con el tiempo esos comportamientos pueden derivar en una dieta altamente restrictiva, aislamiento social y también consecuencias médicas.
Síntomas
Según el nutricionista Javier Aranceta, en algunos aspectos, las personas con ortorexia tienen antecedentes o rasgos comunes con pacientes que padecen anorexia y suelen ser personas “meticulosas, ordenadas, con una exagerada necesidad de autocuidado y protección”.
Algunos de los indicadores más comunes también incluyen tiempo excesivo dedicado a la planificación, compra y preparación de alimentos, malestar emocional o ansiedad cuando no se respetan las propias reglas dietéticas, aislamiento social para evitar no ir a eventos donde no se pueda controlar lo que se come y problemas nutricionales, donde la restricción puede conducir a deficiencias o incluso malnutrición.

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Dado que la ortorexia no es oficialmente un diagnóstico porque no está dentro del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales 5° edición, no existe un tratamiento universal aceptado. No obstante, expertos coinciden en que se necesita un enfoque que aborde diferentes disciplinas como la medicina, la psicoterapia y los nutricionistas.
“Es necesaria una exploración médica inicial que favorezca el consenso sobre una dieta más equilibrada y confortable. En los casos preocupantes puede ser necesario el uso de antiserotoninérgicos. Es posible que en varios de estos pacientes resulte un reto especialmente difícil conseguir que sigan un tratamiento farmacológico, personas obsesionadas con la pureza y una dieta natural. Sin embargo, a diferencia de los pacientes afectados por otros trastornos de la conducta alimentaria, las personas con ortorexia suelen responder mejor al tratamiento, precisamente por esa preocupación por su salud y autocuidado”, explica Aranceta en su investigación.