Cuando el cerebro pide descanso
¿Aún cuando descansa se siente más agotado de lo normal y, además, tiene problemas de concentración, memoria y rendimiento? Cuidado, estas podrían ser manifestaciones de fatiga cognitiva, comúnmente llamada cansancio mental.
A menudo se ignora que, así como el cuerpo, el cerebro necesita descansar para seguir procesos de autorregulación que deben ser respetados, ya que al privarlos puede surgir la fatiga cognitiva, un problema común en adultos caracterizado por una falta de rendimiento del pensamiento al igual que dificultad para mantener la atención y concentración.
En suma, diversos científicos hablan de la existencia del control cognitivo, una forma de llamarle a la dirección y regulación del pensamiento. Mantenerlo resulta costoso para el cerebro, es aquí donde aparece la fatiga, la cual suele acompañarse de una disminución de la eficacia para realizar tareas, según la CUN.

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La UNAM revela cuál carne es más sana y por qué no es la que muchos creenInvestigadores tienden a concordar que la sensación de fatiga es una señal de alerta cuando el cuerpo se acerca a un límite fisiológico y quiere descansar.
¿Qué la propicia?
El profesor de Psicología Clínica y de la Salud Mario Carvajal explica en un artículo que puede propiciarse “al exponerse sistemáticamente a una experiencia o estímulo aversivo, se desencadenan una serie de procesos bioquímicos en el cuerpo y de respuestas emocionales negativas como resultado de lo que vivimos, sobre todo haciéndonos sentir drenados y exhaustos”.
En contraste, no descarta la posibilidad que se presente al vivir una experiencia única, tal como un accidente automovilístico o padecer una enfermedad infecciosa. Aunque es común que se disipe naturalmente cuando la situación que impulsa la sensación de amenaza desaparece.

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De acuerdo con el especialista, la fatiga mental puede manifestarse ya sea de forma emocional o física. En cuanto a la primera, puede presentarse un estado de ánimo decaído, irritabilidad, preocupaciones constantes, nerviosismo, poca productividad, impaciencia, aplanamiento emocional, desesperanza y problemas de concentración. En casos extremos, hay búsqueda de aislamiento y puede terminar en desapego de las personas que antes importaban.
Por otro lado, los síntomas físicos incluyen cambios de apetito, dolor de cabeza, dolores musculares, aumento dramático o pérdida de peso, dificultad para dormir, susceptibilidad a enfermedades y sensación continua de cansancio. Cuando la situación se agrava, aparecen deficiencias nutricionales o incluso problemas de tiroides.
De combinarse con falta de sueño o alteración del ritmo circadiano, la fatiga cognitiva puede contribuir a errores y accidentes mortales.

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Informarse para decidir¿Cómo combatirla?
El primer paso es escucharse y permitirse ser consciente de la energía de la mente. Carvajal detalla que es necesario organizar las actividades del día estableciendo prioridades tomando en cuenta la energía que posees. Puede lograr un equilibrio entre realizar primero aquellas que requieran de mayor energía y luego las que requieren menor cantidad. De igual forma, puede distribuirlas según los picos de energía que perciba.
La buena alimentación también es esencial para mantener al cerebro saludable y capaz de realizar sus funciones. Limite la cafeína, bebidas energéticas, dulces e ingesta de azúcares refinados. Beber abundante agua también impacta en el pensamiento y la habilidad de procesar la inflamación.
Procure un buen descanso por la noche y siestas de no más de 30 minutos en el día; realice ejercicios de respiración para aumentar el oxígeno en la sangre y elevar la cantidad de energía; haga un espacio para realizar pasatiempos que sean de su agrado y reduzca las distracciones, como redes sociales, entre otros.
Tome en cuenta que el enfoque, en ocasiones, no solo puede estar en el descanso y requiere de manejo del estrés, al igual que guía terapéutica.