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LA MAGIA DE LOS LIBROS

M.V.Z. FRANCISCO NÚÑEZ GONZÁLEZ

Qué gran visión tuvieron nuestros padres al facilitar nuestros estudios cuando cursamos la secundaria y preparatoria en los años 60 y 70, con sacrificios adquirían una enciclopedia para pagarla en mensualidades y poder realizar nuestras tareas escolares y consultar cualquier duda de nuestra vida diaria, gracias a aquellos libros ya no había excusa para las bajas calificaciones, ese fue el internet de nuestra época. Han pasado más de sesenta años y aún hacen acto de presencia esas docenas de obras de elegante presentación en la biblioteca de los abuelos, las enciclopedias; Temática, Quillet, Infantil, México a través de los siglos, Cumbre, La Segunda Guerra Mundial, entre otros tomos. Recuerdo cuando inicié a estudiar en la facultad de veterinaria, el primer libro que compré fue el de Anatomía de los animales domésticos de Septimus Sisson, en 1973, tenía un precio de cuatrocientos cincuenta pesos, era el equivalente al costo de un mes en la casa de asistencia en la ciudad de Durango donde estudié, era mucho dinero para un libro, sentí cierto remordimiento al comprarlo, me preguntaba, y si no puedo con los estudios, batallaba con algunas asignaturas y por lo que tenía que estudiar a diario, entonces me venía a la mente lo orgulloso que se sentían mis padres por tener a cuatro hijos en la universidad y los sacrificios que hacían, entonces llegaba el segundo esfuerzo para seguir adelante. El inicio del primer año en la universidad fue el más difícil, era complicada la terminología; qué era una tróclea, un cóndilo, un acetábulo, la epífisis de un hueso y tantas cosas que no comprendía, mi padre me facilitó el diccionario terminológico de medicina Salvat, me fue muy útil en la carrera, aún lo conservo y consulto. No fue fácil, pero logré aprobar los exámenes orales de anatomía que nos impartía el Dr. Carlos Michelena. Hace más de medio siglo no existía la variedad de libros de veterinaria con que contamos hoy, cuando íbamos a la Ciudad de México, mi padre me llevaba a la facultad de veterinaria de la UNAM, había un pequeño puesto de libros cuyo dueño ya nos conocía, cada año visitábamos al "Paisa" como así le decían, y comprábamos algún ejemplar, después íbamos a una gran librería en San Juan de Letrán frente a la Torre Latinoamericana en el centro de la ciudad, contaba con una variedad extensa de libros de veterinaria, encontraba los que utilizaban nuestros maestros en clase, como la Patología y terapéutica de los animales domésticos de Hutyra y Mareck de dos tomos, independientemente de ser escaso, el costo era considerable, batallábamos para consultarlo al haber pocos ejemplares en la biblioteca de la escuela. En ocasiones compraba algún libro cuando lo encontraba en las librerías de Durango, recuerdo la zootecnia general de Eugene Ensminger, lo utilizaban varios maestros, preguntaba en la librería si lo podía apartar y pagarlo en abonos, aceptaba el dueño, me quedaba sin dinero por un tiempo, sacrificaba el cine o algunos antojos cuando gozaba de gran apetito después del desgastante entrenamiento diario de fútbol americano y por las modestas raciones de comida en la casa de asistencia. Fue un privilegio consultar aquellos libros, era mi internet particular hace más de cincuenta años, estudiaba cómodamente en la casa de asistencia donde me hospedaba sin necesidad de ir a la biblioteca de la escuela y permanecer horas. Algunos amigos me visitaban para estudiar, a Juan Castillo lo envidiaba, con leer solo una vez comprendía y memorizaba la enfermedad que veríamos en clase, un servidor leía varias veces y hacía un pequeño resumen para retener lo estudiado, Armando Hernández escribía todo, era el que más estudiaba y en ocasiones lo traicionaban los nervios. En la asignatura de Patología del tercer año la impartía el Dr. José Ma. Flores, teníamos que ir preparados en cada clase para presentar un posible examen parcial, pues no avisaba sobre este, estudiábamos a diario las enfermedades que habíamos visto con anterioridad durante el curso, y en una clase indeterminada el maestro anotaba en el pizarrón una enfermedad; "Reticuloperitonitis traumática", nos decía, es examen, saquen una hoja describan la enfermedad con el tratamiento, el resultado se promediará con el examen final.

Un gran agradecimiento a los maestros de todos los niveles escolares, y a nuestros padres, por haber inculcado la disciplina de la lectura fundamental en todas las profesiones, y por el encanto de disfrutar la magia de los libros. Almacenándose en los RAM de memoria de nuestras neuronas con una capacidad infinita, funcionando con gran orgullo mejor a nuestra edad, que el Internet de nuestros días.

pequenas_especies@hotmail.com.

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