¿Por qué hay una Torre Eiffel en Gómez Palacio?
Ver la silueta de la Torre Eiffel en plena Comarca Lagunera puede parecer una broma o un montaje, pero es real. En Gómez Palacio existe una réplica monumental que desde hace años llama la atención de quienes pasan por la zona y se preguntan cómo un ícono francés terminó en el norte de México.
Lejos de ser un simple capricho arquitectónico, la estructura tiene una historia ligada al Centenario de la ciudad y a la profunda influencia que dejó la comunidad francesa en la región. Detrás de su instalación hay tradición, inversión privada y un vínculo cultural que pocos conocen.
Motivo por el que hay una Torre Eiffel en Gómez Palacio
Si pasas por el cruce del bulevar González de la Vega y el bulevar Miguel Alemán, es imposible no voltear a verla. La Torre Eiffel lagunera se levanta con casi 58 metros de altura y una estructura que pesa alrededor de 140 toneladas. No es una miniatura decorativa, se trata de una réplica de gran escala que se ha vuelto punto clásico para fotos.

La historia de cómo llegó ahí tiene que ver con el Centenario de Gómez Palacio, celebrado el 21 de diciembre de 2005. Como parte de esa conmemoración, el Consulado Honorario de Francia en La Laguna, encabezado por Christian Collier de la Marlière, impulsó la donación del monumento al municipio.
La construcción se concretó en 2007 y tuvo un costo aproximado de 5 millones de pesos, cubiertos por la familia promotora, sin recursos públicos. Con el paso de los años, dejó de ser “la copia de París” para integrarse al día a día lagunero como un referente local.

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Detrás de la estructura hay una historia que viene de hace años. A finales del siglo XIX y principios del XX, varias familias francesas llegaron a Durango atraídas por la actividad minera. Entre ellas estaban los Metz, quienes participaron activamente en el desarrollo económico de la región y dejaron una influencia que aún se recuerda.
Christian Collier de la Marlière desciende de esa tradición francesa en La Laguna. Además de empresario, ha estado ligado durante décadas a la promoción cultural entre Francia y México, especialmente a través de la Alianza Francesa desde los años 80, trabajo por el que recibió una distinción académica francesa.
La Torre Eiffel no fue el único guiño a sus raíces, pues la misma familia también promovió la instalación de un Arco del Triunfo en Torreón y un obelisco inspirado en la Revolución Francesa en Lerdo.
Así, sin necesidad de cruzar el Atlántico, la Comarca Lagunera terminó con su propia colección de íconos franceses.

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