Por qué tu cerebro te hace reír en los peores momentos, según la ciencia
A muchos les habrá pasado que a mitad de un funeral, una ceremonia religiosa, un acto solemne o en una junta de trabajo seria y profesional, una carcajada rompe el silencio y la concentración.
Y aunque muchos pueden creer que eres una mala persona o que te falta madurez por reírte en momentos inapropiados, según la ciencia esto no es así.
Michelle Spear, profesora de Anatomía de la Universidad de Bristol, explica en The Conversation que este fenómeno, conocido como "risas de iglesia", es en realidad una batalla campal dentro de tu cerebro.

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¿Por qué te da risa en los peores momentos?
Para entender por qué perdemos el control en el peor momento, hay que mirar bajo el "capó" de nuestro cráneo.
La risa inapropiada no es un acto deliberado, sino el resultado de dos sistemas cerebrales que compiten entre sí.
La corteza prefrontal ubicada en la parte frontal, es la encargada del juicio social y el autocontrol. En entornos formales, esta región opera en un estado de inhibición activa, suprimiendo deliberadamente cualquier expresión emocional que no encaje con la solemnidad del momento.
Mientras que el sistema límbico es el centro de procesamiento emocional, situado en las profundidades del cerebro. Aquí, la amígdala asigna importancia emocional a lo que vemos, mientras el hipotálamo activa respuestas automáticas (como el ritmo cardíaco).

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Cuando algo nos parece gracioso, el sistema límbico envía un impulso eléctrico. Si la corteza prefrontal está agotada o el impulso es demasiado fuerte, el control se rompe. Una vez que la risa se libera, el tronco encefálico toma el mando, coordinando la respiración y los músculos faciales. En ese punto, la risa es un reflejo imparable, similar a un estornudo.
Uno de los descubrimientos más fascinantes de la neurociencia es que, cuanto más intentas no reírte, más ganas te dan.
Esto sucede porque, al intentar suprimir un pensamiento o impulso, el cerebro tiene que mantener ese "detonante" activo en la atención para poder vigilarlo. En lugar de borrar la gracia, tu mente la está ensayando y reforzando constantemente.
La energía necesaria para mantener la inhibición es finita; cuando se agota, la risa explota con más fuerza como una vía de escape necesaria para liberar la tensión acumulada.
Además, casi siempre, la risa se vuelve incontrolable cuando alguien más nota nuestro esfuerzo. Esto se debe a la neurobiología social, en la que las neuronas espejo se activan cuando observamos a otro realizar una acción. Si ves a tu amigo temblando por aguantar la risa, tu cerebro "copia" ese estado emocional.

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La risa en momentos inapropiados es, neurológicamente hablando, una válvula de seguridad.
En entornos donde no podemos movernos, hablar o expresar incomodidad, el sistema nervioso se sobrecarga. El ritmo cardíaco aumenta y el umbral de liberación emocional baja.
En este estado de hiperexcitación, el cerebro busca la vía más rápida para volver al equilibrio, y la risa es la herramienta perfecta para descargar esa energía sobrante.
Así que, la próxima vez que te gane la risa en un momento inoportuno, recuerda que no eres maleducado, simplemente tienes un cerebro humano que, bajo demasiada presión, eligió la risa para no colapsar.

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