¿Qué es la inmunidad de rebaño y para qué funciona?
Vacunarse no es solo una cuestión personal, también es un acto de responsabilidad social. A menudo se desconoce el alcance y la relevancia de la inmunización a través de las vacunas, una estrategia empleada desde tiempo atrás para la erradicación de enfermedades cuyo mecanismo se centra en la transferencia de antígenos para que el sistema inmunológico pueda reconocer al patógeno y combatirlo en el futuro.
Al inmunizar a una gran proporción de la población, el beneficio no solo es personal, ya que el riesgo de propagación se reduce de persona a persona, protegiendo a su vez a los grupos vulnerables del contagio. A esto se le llama inmunidad colectiva o de rebaño.

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Cuando una enfermedad infecciosa acecha a un grupo numeroso de personas no inmunizadas, el riesgo de padecerla también se potencia en los más vulnerables, como bebés pequeños, ancianos, pacientes con sistemas inmunitarios deprimidos (cáncer, VIH), personas con enfermedades crónicas (hipertensión, diabetes) y aquellos que no pueden vacunarse. Esto provoca que la enfermedad continúe en circulación.
“La proporción de una población que debe ser inmune para lograr la inmunidad de rebaño varía según la enfermedad. Por ejemplo, una enfermedad muy contagiosa, como el sarampión, requiere que más del 95 % de la población sea inmune para detener la transmisión sostenida de la enfermedad y lograr la inmunidad de rebaño”, detalla la hoja para el paciente de JAMA: ¿Qué es la inmunidad de rebaño?

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Además de la vacunación, la infección también permite crear anticuerpos que inmunizan al cuerpo y evitan un nuevo contagio.“Lograr la inmunidad de rebaño a través de una infección depende de que una cantidad suficiente de personas contraiga la enfermedad y se recupere de ella, durante la cual desarrollan anticuerpos contra futuras infecciones. Incluso, los anticuerpos de una infección previa solo pueden proporcionar protección durante un período limitado”, se lee en la hoja antes mencionada.
Sin embargo, lo ideal es la vacunación. Con una dosis de antígenos específica, es posible generar anticuerpos sin necesidad de contraer la enfermedad que pueda llevar a complicaciones que pongan en riesgo la vida. Sin la vacuna, se incrementa el riesgo de contagio y se propicia la aparición de brotes, tal como sucedió recientemente con el sarampión.