Nosotros Eventos Columnas Sociales


VIBREMOS POSITIVO

TU AGENDA TAMBIÉN DICE QUIÉN ERES

Decimos que la familia es primero, que la salud es importante, que necesitamos descansar y que queremos disfrutar más la vida.

Nuestra agenda, sin embargo, algunas veces cuenta una historia diferente.

Está llena de reuniones, pendientes, compromisos, llamadas, traslados y asuntos urgentes. Mientras tanto, la cita médica puede esperar, la conversación con nuestra pareja queda para después, el almuerzo ocurre frente a una pantalla y aquel café con un amigo lleva meses intentando encontrar un espacio.

No siempre hacemos lo que queremos con nuestro tiempo, pero aquello que repetidamente ocupa nuestros días termina revelando mucho de nosotros.

La agenda no muestra únicamente lo que tenemos que hacer. También deja ver lo que priorizamos, lo que postergamos, aquello a lo que no sabemos decir que no y, en ocasiones, todo lo que hacemos para sentirnos necesarios.

Porque estar ocupados adquirió cierto prestigio.

Cuando alguien nos pregunta cómo estamos, respondemos casi con orgullo: "A mil", "corriendo", "sin tiempo para nada".

Como si vivir agotados fuera una prueba de importancia. Como si una agenda llena significara automáticamente una vida plena.

Hemos aprendido a admirar a quien siempre está disponible, responde de inmediato y logra encontrar espacio para una tarea adicional. Nos sorprende más quien se retira a tiempo que quien permanece conectado hasta la medianoche.

Pero una agenda llena no siempre es sinónimo de productividad.

A veces solo es una agenda llena.

Puede estar ocupada por reuniones que pudieron ser un correo, urgencias que nacieron de una mala planeación, compromisos aceptados por miedo a decepcionar o actividades que continuamos realizando por costumbre, aunque ya no aporten nada a nuestra vida.

También podemos llenar cada espacio para no detenernos.

Porque cuando la agenda queda en silencio aparecen preguntas que la velocidad consigue esconder: ¿estoy viviendo como quiero? ¿Esto todavía tiene sentido para mí? ¿En qué momento dejé de hacer aquello que disfrutaba? ¿Para quién estoy intentando demostrar que puedo con todo?

Ahora bien, hablar del uso del tiempo requiere cuidado.

No todas las personas pueden organizar libremente sus días. Hay jornadas rígidas, largos traslados, responsabilidades de cuidado, empleos demandantes y situaciones económicas que reducen considerablemente la posibilidad de elegir.

Por eso esta no es una invitación sencilla a "administrar mejor el tiempo", como si todo dependiera de comprar una agenda bonita, levantarnos a las cinco de la mañana o aprender una nueva técnica de productividad.

El tiempo también está condicionado por las circunstancias y por las decisiones de quienes organizan el trabajo.

Las organizaciones participan en la construcción de las agendas de las personas. Lo hacen cuando convocan reuniones sin un propósito claro, normalizan mensajes fuera del horario laboral, convierten cualquier asunto en urgente o premian silenciosamente a quienes permanecen disponibles todo el tiempo.

No sirve hablar de bienestar si para participar en una actividad saludable una persona debe atrasarse en sus responsabilidades. Tampoco basta con recomendar desconectarse si el ejemplo de los líderes comunica que responder por la noche es una señal de compromiso.

La flexibilidad no consiste en permitir que cada persona trabaje a cualquier hora. Consiste en construir acuerdos que reconozcan las necesidades del trabajo sin ignorar que cada colaborador tiene una vida que también necesita tiempo, presencia y cuidado.

Pero las organizaciones no son las únicas responsables.

Nosotros también debemos revisar los compromisos que aceptamos, las expectativas que alimentamos y la necesidad de sentirnos indispensables. Algunas veces reclamamos que no tenemos tiempo mientras continuamos entregándolo a situaciones, personas y obligaciones que ya podríamos comenzar a soltar.

Equilibrar nuestra agenda no significa repartir cada día en partes idénticas ni convertir el descanso en otra tarea que debemos cumplir perfectamente. Hay temporadas que requieren más de nosotros y momentos en los que una dimensión de la vida necesitará ocupar mayor espacio.

El equilibrio no siempre es exactitud. Es conciencia.

Es reconocer cuándo una excepción se convirtió en costumbre. Cuándo el trabajo comenzó a quedarse con todos nuestros mejores momentos. Cuándo estamos presentes en una reunión, pero ausentes de nuestra propia vida.

Quizá no necesitemos agregar una nueva actividad a la agenda.

Tal vez necesitemos retirar alguna, proteger ciertos espacios o dejar de pedir permiso para reservar tiempo para aquello que también nos sostiene.

Porque la agenda no es solamente una herramienta para organizar lo que hacemos.

Es una pequeña autobiografía que escribimos todos los días con nuestro tiempo.

Y mientras llega nuestro próximo encuentro, quiero dejarte una pregunta:

Si alguien mirara tu agenda, ¿reconocería en ella la vida que dices querer?

Te invitamos a seguir nuestras redes sociales en Facebook como vibremospositivo, en Instagram como @jorge_lpz, @vengavibremospositivo y @psicoivanjgonza. Escríbenos a jorge@squadracr.com, igonzalez@masfamilia.org o www.soyefr.org.

⏰

Leer más de Nosotros

Escrito en: Mhoni Vidente Signo del zodiaco Horóscopo Astrología

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de Nosotros

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 2510981

elsiglo.mx