La dulce espera terminó, un bebé está por nacer. Planes, sueños, miedo, alegría, incertidumbre, expectativas. ¿Cuántas emociones y pensamientos pueden aparecer en la mente de una mujer que espera con paciencia la llegada de su bebé? Puede ser el primero, el segundo, el tercero; en realidad poco influye la posición que el recién nacido ocupe en el sistema familiar. Un nacimiento es un evento que siempre genera movimiento.
Por lo tanto, la maternidad es un proceso complejo de cambios importantes a nivel biológico, físico, psicológico y social, que genera de manera inmediata, una serie de movimientos en donde el objetivo principal es mantener la estabilidad y el adecuado funcionamiento, en lo que surge de forma gradual la adaptación al nuevo estilo de vida. Este camino implica grandes retos y puede ser intimidante para algunas mujeres.
De aquí surge la importancia y la necesidad de dar a la nueva madre, una red de apoyo fuerte, sólida y segura para que pueda atravesar el desafiante periodo de adaptación inicial. Pero ¿qué sucede con aquellas mujeres que no cuentan con una red que las pueda sostener? Dependiendo de la historia individual, se corre el riesgo de pasar por alto señales de alerta que indican la aparición de alguna enfermedad mental leve, moderada o grave, en donde incluso puede estar en riesgo la vida.
Según el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales en su quinta edición: después del parto, más de la mitad de las mujeres desarrolla síntomas, como tristeza, ansiedad, llanto, dificultad en la concentración y problemas para dormir, mismos que desaparecen en una a dos semanas posteriores al alumbramiento. Únicamente cerca del 10% de estas mujeres son diagnosticadas con un trastorno depresivo y en casos muy extremos dos de cada mil nuevas madres pueden desarrollar psicosis después del parto. Sin embargo, es importante recalcar que muchas de ellas cuentan con antecedentes personales previos de trastorno mental. Por lo tanto, la tristeza intensa después de un parto, no necesariamente es depresión y no toda depresión desencadena en una psicosis.
Teniendo estos datos, muchas personas continúan con creencias limitantes o pensamientos erróneos en torno a la maternidad, principalmente durante los primeros meses de vida del bebé. Invalidando la confusión mental y el cansancio psíquico que atraviesan muchas mujeres después del parto.
Como sociedad y como sistema familiar, es momento de empezar a aceptar el desequilibrio de la salud mental tras la maternidad como una realidad necesaria de atender.
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