Columnas Social Columnas Sociales Editorial

COLUMNAS

Vibremos positivo

EL CÁNCER ESTABA EN SU VIDA, PERO NO ERA TODA SU VIDA

IVÁN JAVIER GONZÁLEZ
IVÁN JAVIER GONZÁLEZ

Hay personas que llegan a trabajar después de pasar la noche cuidando a alguien y, aun así, sienten que deben comportarse como si nada hubiera ocurrido.

Otras llegan después de haber tenido que cuidarse a sí mismas, priorizar su salud y recordar que también necesitan existir para ellas.

Después de una consulta médica, un tratamiento, una noche de incertidumbre o una conversación que cambió por completo la manera en que imaginaban su futuro.

Una de esas personas es una gran amiga. Para proteger su identidad, la llamaré "Laura".

Antes de que el cáncer apareciera en su vida, "Laura" ya sabía lo que significaba comenzar de nuevo. Había atravesado momentos difíciles, había perdido la empresa que había construido y había tenido que sacar adelante a su familia mientras intentaba reconstruirse profesionalmente.

Tiempo después encontró una nueva oportunidad laboral en una organización certificada en conciliación bajo el modelo efr, donde se comprendía que detrás de cada colaborador existe una vida que también necesita ser acompañada y que una persona es valiosa en todas sus dimensiones.

Entonces llegó una jornada de sensibilización y prevención del cáncer de mama en el mes de octubre.

Durante aquella actividad, "Laura" notó una masa. Lo que comenzó como una acción preventiva dentro de su lugar de trabajo se convirtió en consultas, estudios y, finalmente, en un diagnóstico que nadie está preparado para recibir.

A partir de ese momento, su vida se llenó de palabras nuevas: tratamientos, citas, resultados, quimioterapias y revisiones.

Pero fuera de los consultorios la vida continuaba.

Seguían existiendo los presupuestos, las responsabilidades de un cargo que todavía estaba aprendiendo, los productos que debía importar y conocer, el apoyo a su familia, el cuidado de sus dos hijas y el temor de una madre ante la posibilidad de perderla.

Una vez más, todo aquello que había construido con tanto esfuerzo parecía ponerse en jaque.

"Laura" trabajaba mientras atravesaba su tratamiento. Algunas veces revisaba presupuestos durante una quimioterapia y atendía asuntos laborales entre consultas y chequeos.

Pero no quiero contar esto para convertirla en el ejemplo de la colaboradora que nunca se detiene.

Nadie debería sentir que tiene que trabajar durante una quimioterapia para demostrar compromiso. Cada tratamiento, cada cuerpo y cada historia son diferentes. Descansar, reducir el ritmo o detenerse también pueden ser decisiones profundamente valientes y responsables.

En el caso de "Laura", mantenerse vinculada con su trabajo fue también una manera de recordar que seguía siendo mucho más que un diagnóstico, mucho más que un número y mucho más que una probabilidad.

El cáncer estaba en su vida, pero no era toda su vida, ¡así de sencillo!

Continuaba siendo profesional, esposa, madre, amiga y mujer. Seguía teniendo ideas, capacidades, sueños y decisiones por tomar. El trabajo, dentro de lo que su salud le permitía, también representaba continuidad, identidad y futuro.

Tampoco sería justo afirmar que superó el cáncer únicamente porque mantuvo una actitud positiva.

El cáncer no es una competencia de optimismo. El desenlace de una enfermedad no depende de cuánto sonría una persona ni de cuánta fuerza aparenta tener. Quienes no logran superarlo no pierden por haber luchado menos.

La atención médica, el tratamiento oportuno, el acompañamiento y las condiciones particulares de cada persona son fundamentales. La actitud de "Laura" no sustituyó ninguno de esos elementos; la ayudó a transitar su proceso sin permitir que la enfermedad ocupara todos los espacios de su identidad.

Hoy "Laura" es una "sobreviviente". Volvió a reconocerse, a creer en ella y, hace poco, pronunció una frase que resume buena parte de este recorrido:

"Qué orgullosa me siento de mí misma".

Pero, nuevamente, es mucho más que eso.

Es madre, amiga, profesional y una de esas personas que se convierten en referencia, no porque nunca hayan sentido miedo, sino porque aprendieron a caminar con él sin permitir que decidiera todo por ellas.

Su historia también nos recuerda que cuidar implica trabajo.

Cuidarse requiere organizar citas, comprender diagnósticos, seguir tratamientos, atravesar efectos secundarios y reorganizar la vida cotidiana. Acompañar a alguien también exige tiempo, energía, traslados, conversaciones, tareas domésticas y decisiones que casi nunca aparecen en una descripción de puesto.

Detrás de muchas personas que llegan a trabajar existen responsabilidades de cuidado que permanecen invisibles.

Por eso las organizaciones no deberían limitar su compromiso a colocar un lazo rosa durante octubre o realizar una jornada de prevención.

Estas iniciativas importan. En la historia de "Laura", una de ellas fue determinante para prestar atención a una señal que requería revisión; por eso también reconozco a la organización que promovió aquella jornada y comprendió la importancia de acompañar a la persona después de la campaña.

Porque la verdadera cultura de cuidado comienza precisamente allí: después de la campaña.

Se expresa cuando una persona puede acudir a sus consultas sin miedo. Cuando existe flexibilidad para adaptar temporalmente sus responsabilidades. Cuando se protege su privacidad, se evita el estigma y su trayectoria no queda reducida a la enfermedad que está atravesando.

Una organización no reemplaza a los médicos ni a la familia, pero puede decidir si se convierte en una fuente adicional de presión o en parte de la red que permite sostener la vida.

El equilibrio comienza cuando comprendemos que somos profesionales, pero antes somos personas.

La flexibilidad no es un privilegio para quien enfrenta una enfermedad. Es una respuesta humana ante una realidad que puede alcanzarnos a todos.

Y la responsabilidad consiste en construir acuerdos que permitan cuidar la salud sin borrar el talento, la dignidad ni la voz de la persona.

Lo que más admiro de "Laura" no es que haya revisado presupuestos durante sus tratamientos.

Es que, incluso en medio de la incertidumbre, permitió que su vida siguiera siendo más grande que el cáncer.

A ti, mi querida "Laura", quiero devolverte otra de tus propias frases. Hace poco, al mirarte con el cabello corto, dijiste:

"Hace tiempo no me sentía tan bonita".

Quizá no estabas hablando únicamente de la mujer que veías en el espejo, sino de aquella que, después de tanto, se había reencontrado.

Y mientras llega nuestro próximo encuentro, quiero dejarte una pregunta:

¿Qué tendría que cambiar en nuestras organizaciones para que cuidar la vida no obligue a nadie a elegir entre su salud y su trabajo?

Te invitamos a seguir nuestras redes sociales en Facebook como vibremospositivo, en Instagram como @jorge_lpz, @vengavibremospositivo y @psicoivanjgonza. Escríbenos a jorge@squadracr.com, igonzalez@masfamilia.org o www.soyefr.org.

⏰

Leer más de Columnas Social

Escrito en: Vibremos positivo columnas

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de Columnas Social

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 2518753

elsiglo.mx