A lo largo de mis 27 años de matrimonio y, por lo tanto, de mi carrera como ama de casa, me he dado cuenta de algo que cuando eres una niña inexperta no sabes y das por hecho, de algo que no debería sorprender a nadie: el dinero no se administra solo. A mis 19 años y después de haber vivido toda mi vida en casa de mis papás sin mover un dedo, yo pensaba que sí (qué pena aceptarlo, pero así crecí). Para mí el dinero aparecía y se reproducía mágicamente en mi cartera. Spoiler alert para las niñas de 19 años: eso no pasa. Y menos si no sabes en qué se te va tu dinero.
Durante mucho tiempo creí que "administrar las finanzas del hogar" era una frase elegante para decir "qué me voy a comprar esta semana". Yo prefería vivir en la fantasía: pagar lo urgente, ignorar lo importante y sorprenderme cada mes cuando mi cuenta bancaria parecía haber sido asaltada por seres imaginarios con acceso a mi tarjeta de crédito.
Pero resulta que aprender a manejar el dinero no es solo cosa de contadores serios con cara de pocos amigos. Es una herramienta de supervivencia moderna. Especialmente para nosotras, las mujeres, que históricamente hemos sido expertas en estirar el dinero para que nos alcance para todo, aunque nadie nos haya dado el crédito.
Administrar bien las finanzas del hogar no es volverse tacaña ni renunciar al café de los viernes con tus amigas. Es saber cuándo sí y cuándo no, y sobre todo, por qué. Es poder tomar decisiones sin sentir que el dinero manda más que tú. Porque seamos honestas: no hay nada más empoderador que pagar tus cuentas al final del mes sin tener que sudar frío.
Además, cuando una mujer entiende y controla sus finanzas, pasan cosas mágicas: se reducen las discusiones, se planea mejor el futuro y, curiosamente, el dinero deja de desaparecer como si tuviera vida propia. No es brujería, es organización. Presupuesto, ahorro, prioridades… palabras que antes sonaban aburridas y ahora suenan a tranquilidad mental.
Y no, no se trata de hacerlo todo perfecto. Se trata de saber dónde estás parada. De dejar de decir "yo no soy buena con los números" como si fuera un rasgo de personalidad. Nadie nace sabiendo administrar dinero, pero todas podemos aprender. Y deberíamos, porque depender económicamente de alguien más no es romántico, es riesgoso.
Aprender a manejar mi dinero fue una de las decisiones más adultas y liberadoras que he tomado. Porque al final, la verdadera riqueza no es gastar sin mirar, es vivir sin miedo a abrir la app del banco. Y eso, queridas, no tiene precio. Por eso hoy te dejo estos tips de administración del hogar que a mí me funcionan y creo que a ti también te ayudarán:
• Hazte amiga de tu dinero, no le tengas miedo; ver tu estado de cuenta no lo va a empeorar. Ignorarlo sí. Míralo, entiéndelo y acéptalo.
• Gasta con intención, no por impulso; antes de comprar algo, pregúntate: ¿lo necesito o solo estoy triste/cansada/aburrida?
• Ten un presupuesto (aunque sea flexible); no tiene que ser perfecto ni digno de Excel profesional. Solo necesitas saber cuánto entra, cuánto sale y en qué se te va sin darte cuenta.
• Ahorra, aunque sea poquito; no esperes a ganar más para empezar. El ahorro no es un lujo, es un hábito. Y sí, incluso $10 cuentan.
• Ten tu propio dinero. Siempre; compartir gastos está bien. No tener independencia financiera, no. Tu tranquilidad no debería depender del sueldo de nadie más.
• Edúcate financieramente sin culpa; nadie nos enseñó esto y aun así se espera que lo sepamos todo. Lee, pregunta, equivócate y vuelve a intentar. Aprender de dinero también es autocuidado.
Porque al final, administrar bien nuestras finanzas no nos quita libertad, nos la da. Y una mujer con control sobre su dinero es una mujer que duerme mejor, decide mejor y vive con menos drama… al menos financiero.
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