La vida comienza muchas veces.
Al despertar y ser consciente de que estás vivo.
Al contemplar un amanecer distinto que toca tus sentidos.
Al oler la primera taza de café.
Al sentir el agua de la ducha correr por tus pies.
Al sonreír incluso con el corazón hecho pedazos,
cuando avanzas y no puedes más y necesitas abrazos.
Al terminar una relación tóxica que duró días, meses
o incluso años sin pasión.
Al emprender un negocio lleno de ilusión.
Al viajar por el mundo para sorprenderte de él
y terminar sorprendiéndote de ti.
Al dar el primer paso, la primera mirada, el primer beso,
y sentir mariposas dentro de ti que te hagan querer más de eso.
Al conectarte profundamente con la naturaleza,
con otras almas
o contigo mismo.
Al expresarte a través del arte.
Al permitirte ser vulnerable, sensible y sincero,
sin máscaras ni cinismo.
La vida comienza muchas veces,
pero solo cuando tú decides que así sea.
Puedes renacer desde la luz
o desde la sombra, da igual.
Pero únicamente si de verdad lo deseas,
si lo anhelas
y lo vuelves real.
La vida comienza muchas veces:
cuando perdonas y olvidas de verdad,
cuando sueltas lo que te hace mal,
cuando compartes y aprendes de los demás,
cuando te atreves a escribir un libro
y, sin darte cuenta,
comienzas a describirte a ti mismo con profundidad.