Estamos viviendo en una época de sobresaturamiento de información; tenemos en la punta de los dedos acceso a miles de cápsulas informativas sobre todos los temas y esto nos permite estar informados (y algunas veces bien desinformados) sobre los temas de relevancia.
Tenemos acceso a saber todo lo que pasa en el mundo, que si Estados Unidos y Venezuela, de Ucrania y Rusia, de Palestina e Israel, de los escándalos de corrupción de cualquier político mexicano (no importa en el momento que leas esto). Todo este saturamiento de información también nos ayuda a tomar causas como personales y fijar posturas sobre los temas que nos interesan; esto nos ha vuelto, de alguna manera, activistas de las redes sociales.
Yo soy una asidua usuaria de las redes; todos los que me siguen saben claramente cuáles son mis posturas sobre los diversos temas que me interesan. Pienso que el internet y las redes sociales son grandes aliadas para comunicar nuestras ideas, pero también para el activismo digital. El problema de nuestros tiempos es que la mayoría de nuestro activismo se queda en las redes sociales y el voluntariado cada día es más escaso.
El voluntariado lo define la Real Academia Española como la "colaboración voluntaria en una actividad de carácter social o humanitario"; la IA de Google nos dice que es la "colaboración solidaria y desinteresada donde una persona ofrece su tiempo, conocimientos y habilidades de forma gratuita para apoyar causas sociales, humanitarias o de interés general, sin esperar una recompensa económica, buscando el bien común y la transformación social".
Creo yo que el ideal es que pasemos de la acción cibernética a la acción en persona. ¿Cuánto tiempo le dedicamos a donar nuestro tiempo, conocimientos y habilidades en una causa que no sea pagada? La vida moderna nos tiene saturados y agotados; dedicarle tiempo a algo fuera de nuestro trabajo, familia, amistades y hobbies nos cuesta mucho. Y es entendible: la exigencia actual nos pide perfección en todo lo que hacemos; las redes sociales nos ponen ideales físicos, de productividad, de la manera de ordenar nuestros días. Estamos exhaustos para el mundo.
Pero el voluntariado es indispensable para la transformación de nuestras sociedades y comunidades y es valioso porque es escaso. Es por esto que, desde nuestra trinchera, hacemos un llamado a la acción. Lo que nos preocupa en común con el resto de las sociedades también es responsabilidad de la comunidad y de los ciudadanos en lo individual. Y dedicarle tiempo a algo más que a nuestro círculo de intereses nos va a redituar; vale la pena apostarle.
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