Columnas Social columnas editoriales SOCIALES

Columnas

Vibremos positivo

EL LECHERO: MEMORIA, OFICIO Y UNA LECCIÓN DE LIDERAZGO

CLAUDIO PENSO.-

Por décadas, la figura del lechero formó parte del paisaje cotidiano de muchos barrios. Un hombre, un caballo y un carro que, cada mañana, dejaban frente a las casas botellas de leche, frascos de yogur y, a veces, ricota fresca. Era un ritual simple y silencioso, pero cargado de significado; contenía el valor del abastecimiento, la confianza y la cercanía.

En una de esas jornadas rutinarias ocurrió un gesto inesperado. El lechero invitó a un niño curioso y expectante a subir al carro y le entregó las riendas de cuero. La escena, aparentemente menor, se transformó en una experiencia imborrable. El caballo, dócil y experimentado, conocía el recorrido y se detenía donde correspondía, indiferente a las pequeñas manos que ahora guiaban el trayecto. Bastaba un tirón suave para retomar la marcha.

Años después, el recuerdo permanece intacto en la mente de ese niño, casi sensorial: el aroma de la mañana, el sonido del trote, la voz del hombre emitiendo onomatopeyas que parecían una música secreta para el animal. Aquella vivencia fue, más que un paseo, una temprana lección sobre la confianza y la responsabilidad.

El lechero no abandonó su rol; acompañó sin invadir. Permitió que el niño se sintiera protagonista, respaldado por una presencia atenta pero no dominante. Ese gesto, leído con la perspectiva del tiempo, se asemeja a una forma elemental de liderazgo: delegar, sostener y alentar sin interferir.

En tiempos donde la distribución se volvió impersonal y digital, la imagen del lechero conserva un valor simbólico. Representa un modelo de trabajo basado en la cercanía humana y en la transmisión de saberes a través de la experiencia compartida. No fue solo la entrega diaria de alimentos; fue también la construcción de vínculos y aprendizajes silenciosos.

Para quien vivió aquella escena, el recuerdo persiste como una de las primeras experiencias de autonomía y confianza. Un instante breve que, con los años, reveló su verdadera dimensión: la certeza de que alguien puede guiarnos sin arrebatarnos el control, y que incluso en los gestos más simples se esconden enseñanzas duraderas.

Tal vez no es necesario aclararlo: ese niño era yo.

Te invitamos a seguir nuestras redes sociales en Facebook como vibremospositivo; en Instagram como @jorge_lpz, @vengavibremospositivo y @claudiopenso. Escríbenos a jorge@squadracr.com.

Leer más de Columnas Social

Escrito en: Vibremos positivo columnas

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de Columnas Social

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 2450494

elsiglo.mx