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CELEBRANDO A LA MUJER

ALMUDENA GIL

Mujer, no somos iguales, somos diferentes.

Si solo luchamos por la "igualdad", entonces renunciamos y traicionamos alguna parte de nuestra esencia en el camino. Yo no quiero ser mujer, quiero simplemente SER: ser la persona que elija ser, sin que nadie tenga que recordarme lo que es eso, lo que debo o no debo ser para cumplir con lo que hoy en día esté aceptado, definido o acordado entre un maremoto de intereses o discursos simplistas que, casi siempre, se quedan a medias, en el mejor de los casos.

Por eso, en esta semana en la que hemos conmemorado a la mujer, celebremos nuestras diferencias: las que nos hacen ser maravillosamente mujeres y las que son únicas e irrepetibles en cada una de nosotras.

Hay que poner el foco en lo que nos hace únicas, valiosas, irremplazables, no en la igualdad.

Iguales en derechos… pero diferentes.

Iguales en respeto… pero diferentes.

Iguales en capacidades… pero diferentes.

Iguales en oportunidades… pero diferentes.

Iguales en valor… pero diferentes.

Iguales en muchas cosas… pero diferentes también en muchas otras.

En esta semana de la mujer hay que ser más ambiciosas. No se trata de luchar por una igualdad que corresponde más a una narrativa electoral y oportunista que llega hasta el absurdo, desafiando incluso a la biología y las obviedades naturales definidas mucho antes de que apareciera el debate colectivo o siquiera el lenguaje.

La lucha no va de equipararnos al hombre, confundiéndonos en el camino con etiquetas simplistas que suenan bien, pero que carecen de fondo. Las mujeres NO necesitamos ser iguales; necesitamos ser mujeres, con la libertad de explorar y desarrollar nuestra naturaleza y capacidades sin necesidad de cumplir o llenar etiquetas, una vez más de la mano de voces "progresistas y liberales", pero igualmente interesadas.

Celebremos nuestras cualidades eminentemente femeninas: nuestra intuición, nuestra capacidad de sacrificio y entrega a los nuestros, nuestra manera desinteresada de cuidar, nuestra creatividad natural, nuestra inteligencia -mitad conocimiento, mitad sabiduría-, nuestra fuerza interior, nuestra sensibilidad y capacidad de empatía.

Yo no quiero renunciar a esto para poder aspirar a ser una mujer "moderna y liberada". Lo único que quiero es poder elegir libremente mi destino, mis sueños, mis lealtades y mis aspiraciones, sin juicios ni prejuicios. Por esto último es por lo que sí hay que seguir luchando: eliminar el juicio y el prejuicio que nos siguen manteniendo presas, empezando por nosotras mismas.

No hay que empoderarnos, sino recordar el poder infinito que llevamos dentro, buscarlo, explorarlo y cultivarlo para alcanzar el objetivo que nos fijemos, sea cual sea, guste o no a los cánones de la época.

Nuestra esencia, nuestra magia, es necesaria. La suya, la de los hombres, también: nos complementamos, nos necesitamos, somos partes imprescindibles de un todo en el que el uno no se entiende sin el otro.

No somos iguales, somos perfectamente diferentes.

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