Hablemos de cosas bonitas,
que ya hay demasiadas heridas y cosas marchitas,
de este mundo que a veces nos pesa y nos quita
la alegría, la calma… y hasta la sonrisa bendita.
Hablemos de sueños que invitan a vivir,
de momentos que erizan y nos hacen sentir,
de aquello que toca el alma sin pedir
y nos recuerda que vinimos aquí a existir.
Hablemos de amaneceres, de amor, de esperanza,
que ya es suficiente con guerras, dolor y matanza,
que el alma se cansa de tanta balanza,
de tanta noticia que rompe y no alcanza.
Hablemos del color de las flores y su hermosura,
de tradiciones que abrazan el alma con ternura,
dejemos el chisme, la envidia y la amargura,
que eso solo alimenta vacío… no cultura.
Porque el mundo es un regalo para apreciarlo,
para vivirlo completo, para disfrutarlo,
y somos nosotros quienes podemos transformarlo
con lo que elegimos decir… y también callarlo.
Hablemos de cosas bonitas, que el mundo lo necesita,
que el alma se expande cuando vibra y se agita,
seamos más humanos, que la vida es bendita,
abramos mente y brazos… sin prisa infinita.