Hace unos meses, cenaba con un grupo de amigos muy queridos y, en medio de la plática, alguien soltó el siguiente comentario: "Pobres hombres, las mujeres ya ganaron todo". Esa frase se quedó grabada en mi mente. Me hizo reflexionar sobre por qué existe la creencia de que las mujeres ya estamos "del otro lado" de la igualdad y por qué algunos consideran que ahora toca defender a los "pobres hombres" de las fauces de las "fieras feministas".
Esto último lo escribo en tono de broma, claro. Es importante aclararlo porque no falta quien lo toma al pie de la letra. No, las feministas no somos fieras ni buscamos la destrucción del hombre; buscamos igualdad de derechos y equidad. En particular, en México, luchamos para que el acoso y la violencia de género dejen de ser los titulares de cada día.
Vámonos a los datos duros: según el Monitor de Mujeres en la Economía del IMCO, la brecha salarial en México se sitúa en un 14%. Esto significa que, por cada 100 pesos que recibe un hombre, una mujer percibe apenas 86 por el mismo trabajo. Además, solo el 45% de las mujeres en edad de trabajar participan en la economía, frente al 75% de los hombres; una brecha de casi 30 puntos porcentuales, de acuerdo con el INEGI. Para rematar, de los 24.3 millones de mujeres en el mercado laboral, el 55.9% se encuentra en la informalidad.
Las mujeres no avanzan al mismo ritmo que los hombres debido al "impuesto" del trabajo de cuidados. El INEGI reporta que las mujeres dedican, en promedio, 39.7 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, mientras que los hombres solo destinan 18.2 horas. Este esfuerzo invisible equivale al 24% del PIB nacional. Las tareas del hogar no son una elección de "amor"; son una barrera de entrada real al mundo laboral.
Sin embargo, esta no es la deuda más grande. La seguridad sigue siendo el mayor reto. En 2025 se registraron oficialmente 721 feminicidios, pero organizaciones como el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) reportan que más de 5,000 mujeres fueron asesinadas en el año. Estados como Sinaloa, Estado de México, Chihuahua, Ciudad de México y Veracruz encabezan la lista de peligrosidad.
A esto debemos sumar la violencia económica que asfixia a las mujeres y a las infancias: 3 de cada 4 hijos de padres separados no reciben pensión alimenticia. El INEGI señala que el 67% de las madres solteras no cuentan con el apoyo económico del padre. El impago de la pensión no es solo un tema de "falta de presupuesto"; es una forma de control. Al no pagar, el hombre obliga a la madre a jornadas laborales extenuantes, limita su desarrollo profesional y genera un desgaste emocional prolongado.
Tener una representación descriptiva -como una presidenta o gobernadoras- no es lo mismo que alcanzar la justicia sustantiva. En la calle, en la oficina y en la intimidad del hogar, nos topamos con desigualdades que están lejos de erradicarse. No hemos ganado todo cuando casi una cuarta parte de nuestra economía descansa sobre los hombros invisibles y gratuitos de las mujeres.
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