Me llegó al recuerdo un comercial de toallas femeninas en el que se les pedía a personas mayores de 12 años contestar la pregunta "¿Cómo es hacer algo como 'una niña'?". Las personas, todas, responden con ademanes "delicados", tocándose el pelo, coqueteando… Cuando se hace la misma pregunta a niñas menores de esa edad, ellas realizan la acción con energía, con orgullo, con fuerza. "Correr como niña" (Run like a girl) significa hacerlo rápido, dignamente, con fuerza y determinación.
Es claro el mensaje: vemos que el "hacer las cosas como niña" se vuelve un insulto que minimiza, que ridiculiza. Pero más allá de eso, ¿cuándo cambia el "ser fuertes" a "ser ridículas" solo por hacerlo "como niña"?
Antes de los 6 o 7 años, una niña no corre como niña. Simplemente corre, con los brazos al aire, los pulmones llenos, sin preocuparse si su cabello se ve bien. En algún momento, algo cambia. No es una cosa, es más bien una acumulación de pequeños mensajes que, juntos, construyen una caja invisible.
¿Cómo construimos esa identidad social?
Las niñas de 5 a 9 años reciben mensajes de género, sí, pero algunos estudios muestran que en esa etapa aún tienen una autoestima corporal relativamente intacta y no internalizan el significado negativo de "como niña" en el plano físico. Juegan, corren y compiten sin filtro. ¿Recuerdan esa imagen de "Pequeña Miss Sunshine" en la que se mira en el espejo en traje de baño, con su cuerpo de niña, y piensa "sí, fabulosa"?
Pero algo pasa en la pubertad… algo biológico y social.
El cuerpo cambia y se vuelve visible de una manera nueva. De repente hay pechos, caderas, menstruación… y con eso llega la mirada externa. El cuerpo deja de ser el instrumento de su alegría y se convierte en algo que otros evalúan, pero ellas mismas también. Eso solo ya sería suficiente para desestabilizar. Pero encima llega todo lo demás.
La identidad social se reorganiza radicalmente. A esa edad, las chicas entran en una fase donde la aceptación del grupo importa más que casi cualquier otra cosa. Y el grupo -tanto chavos como chavas- ya tiene incorporadas las normas de género. Ser "demasiado" competitiva, fuerte o ruidosa tiene un costo social real: ya no pertenecer.
Los medios y las redes sociales alcanzan su máxima penetración justo entonces. Una niña de 7 años no tiene Instagram. Una de 12, sí. Y el algoritmo no le va a mostrar mujeres sudando con el pantalón roto… le va a mostrar filtros, dietas y poses, cuerpos de determinada manera, vistiendo ciertas cosas y actuando de la forma "ideal".
#LikeAGirl: El estudio detrás del comercial
El punto de partida del comercial del que hablo al principio (Run like a girl) no fue creativo, fue científico. Al estudiar la confianza a lo largo de la vida de las mujeres, el equipo de la agencia de publicidad Leo Burnett concluyó que la pubertad es, sin lugar a dudas, la fase más vulnerable.
Los números lo confirmaban. La autoestima cae tanto en niños como en niñas durante la pubertad, pero la caída es el doble de grande en las niñas. Más adelante en la vida, la autoestima de los hombres supera incluso sus niveles prepubertad. Lo mismo no ocurre con las mujeres, que nunca recuperan el nivel de autoestima que tenían antes de la pubertad.
Esa última parte es la más conmovedora: no es una caída temporal, es permanente.
La fuente académica detrás de ese dato es el estudio "Global Self-Esteem Across the Life Span", publicado por la American Psychological Association en 2002 (Robins et al.), con más de 326,000 participantes en internet, entre los 9 y 90 años de edad. Ahí quedó claro cómo caía la autoestima. El estudio mostró de manera clara que los adjetivos femeninos tenían una connotación negativa, trivial y sexualizada, comparada con los mismos, pero en masculino.
Ya con eso claro, preguntémonos: ¿qué podemos hacer para que el ser niñas no sea significado de algo menor, para que "hacerlo como niña" siempre signifique lo que durante la infancia: eres una niña y lo haces como tal, nada más?
¿Cuándo dejamos de creernos fuertes y valiosas para ponernos en un lugar en donde es mejor no brillar, donde tenemos que esperar a que nos rescaten?
No tengo una respuesta, pero sí te dejo la reflexión para llevárnosla al día a día, a nuestras acciones cotidianas: ¿qué creencias tenemos nosotrxs sobre las diferencias entre niños y niñas y cómo las comunicamos? ¿Estamos transmitiendo -quizá inconscientemente- la idea de que las niñas tienen que ser de tal o cual manera? ¿Creemos que esas connotaciones negativas son reales?
Te dejo estas preguntas para reflexionar, porque ya viene el Día del Niño y la Niña, y que este año la meta sea permitir que ese sentimiento de ser fuertes y poderosas traspase la pubertad y podamos siempre sentir y creer lo fabulosas y poderosas que somos.
Ese comercial quería transformar el "como una niña" de algo negativo a una expresión de empoderamiento. Esperemos que lo hagamos en nuestra vida cotidiana.
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