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TU VOZ: SU PODER ES TU RESPONSABILIDAD

ALMUDENA GIL

Hace un tiempo que no había sido capaz de enfrentarme al papel en blanco y escribir, que es de las cosas que más disfruto. Sería fácil decir que he estado ocupada, que no ha habido tiempo y que escribir no debe entenderse como una obligación, al menos en mi caso. Sería más fácil. Pero el motivo real ha sido bastante más complejo, menos obvio, más emocional; no producto de la logística ni de los límites terrenales del tiempo y el espacio.

El título de este pequeño artículo lo explica mejor. La voz de cada uno es un derecho, pero también conlleva una responsabilidad, sobre todo si la defines como un poder que se ejerce (o debe ejercerse) desde la honestidad y, sobre todo, desde la coherencia. El mundo de hoy está lleno de voces mayormente teóricas o interesadas, que hablan desde un sitio alejado de la experiencia personal o de la conducta y deseos auténticos del que escribe. Viven en una especie de esquizofrenia y son voces frágiles, sostenidas por alfileres, que se derrumban con vientos cargados de contradicciones e intenciones sospechosas. Pero no por esto pierden su poder. Su voz impacta, contribuye a la narrativa que construye y da forma a nuestra realidad. Es por esto que no puede utilizarse a la ligera y sin la conciencia de saber que todo lo que nos decimos a nosotros mismos y a los demás produce un impacto, positivo o negativo, en el mundo que todos compartimos y del que somos responsables.

No había podido escribir antes sencillamente porque lo habría hecho desde un lugar personal equivocado. El día que estalló la guerra en Irán, se sembró en mi interior una semilla de desánimo vital que fue creciendo conforme los días, las noticias y los despropósitos se iban acumulando, hasta que terminó por ahogarme, llevándome a la incapacidad de ser fiel a la responsabilidad que busco ejercer con mi voz: ser congruente con mi deseo de que esta sirva para construir, celebrar y agradecer, en primera y tercera persona, todo lo que aprendo, experimento y me acontece. Que su poder procure siempre provocar algo bueno, sobre todo si se trata de utilizar un foro para ser leído, como este.

Cuando me di cuenta de lo que realmente me mantenía alejada del papel (o la pantalla), tomé conciencia de que había caído en la trampa de apuntarme a la narrativa destructiva impuesta por un mundo que parece haber perdido la razón; una narrativa construida sobre pilares muy peligrosos: el odio, la confrontación, la mentira y la separación. Un mundo donde todos se convierten en enemigos cuando no piensan como nosotros o no nos dan la razón. Ese día pude también decidir dejar de hacerlo. Ejercí mi derecho de elegir qué voces escuchar y qué hacer con mis propias palabras y acciones para retomar el camino opuesto.

Así es que este es el motivo de este artículo. Es una invitación a que elijas conscientemente qué voces escuchar y cómo ejercer el poder de la tuya, para que este mundo pueda sembrar más amor que odio, más empatía y generosidad que codicia y miseria, más esperanza que abatimiento y más escucha constructiva que imposiciones o amenazas. Empieza contigo mismo y con los que tienes cerca y, poco a poco y con conciencia, ve ampliando tu zona de impacto para que tu voz sea una pequeña ola expansiva que contagie y genere nuevas palabras y acciones en esa misma dirección y con esa misma intención. No podemos quedarnos sentados esperando a que algo pase; debemos empezar el cambio que queremos en nosotros mismos. Tu voz es más poderosa de lo que crees: úsala responsablemente.

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