En esta semana que celebramos (y nos celebramos) como madres, es pertinente profundizar sobre este que es probablemente el rol más pleno, pero también el más difícil al que nos podemos apuntar en nuestras vidas. Más allá de que con ese mero acto biológico mantenemos la continuidad de la especie, que no es poco, la maternidad tiene un propósito multidimensional vital. La maternidad es un vehículo que trae en el maletero superpoderes que nos ayudan a desarrollar habilidades y posturas vitales de valor incalculable: cuando nos convertimos en madres (incluso desde antes de dar a luz) empezamos a desarrollar en el sentido práctico de las cosas, la capacidad de sentir y ejercer lo que llamamos "amor incondicional". Y así, en un instante este amor se convierte en una brújula y una fuerza que nos guía y nos mueve, poniendo a esa criaturita en el centro de todo. Y ese pequeño ser se convierte en un maestro de vida que nos mantiene alerta, que nos reta y nos empuja a ejercer la capacidad y el valor del esfuerzo y el sacrificio. Y sin que con estos dos superpoderes fuera suficiente, la maternidad nos aporta un sentido de propósito vital. Cuando la vida nos reta de verdad y resulta tentador dejar de intentarlo o darnos por vencidas, este pequeño ser, tenga la edad que tenga en ese momento, le da sentido a esa lucha. Pone un ¿por qué? y un ¿para qué? en el centro de ese reto y desde ese lugar todo es posible. Cuando me diagnosticaron cáncer por cuarta vez hace ya 7 años, y tuve ganas de dejar de luchar, mis tres hijos fueron los que me mantuvieron en el cuadrilátero de la vida; puedo decir con certeza y con orgullo que sin ellos, es posible que no estuviera hoy aquí escribiendo estas líneas.
Eso sí, la maternidad no es fácil, pero nada en la vida que vale la pena lo es. Te obliga a saberte vulnerable, te hace más humilde y generosa, y te enseña que vas a equivocarte y que no eres perfecta. Y esta experiencia y estas habilidades se expanden más allá del núcleo familiar y permean en nuestro tejido social, haciéndonos, creo yo, un poco más empáticas y sobre todo más humanas, además de más productivas.
Por esto, en un mundo como el nuestro tan necesitado de "maternidad" por todos estos mágicos ingredientes que contiene, es preocupante ver cuando una sociedad cae en un desgano sistémico y contagioso para no serlo. Hoy parece que el discurso la posiciona como un estorbo, un derecho a discreción demasiado complicado y demandante e incluso desechable; un compromiso que da miedo asumir.
La maternidad más que un derecho es un privilegio, más que una carga es la recarga de energía vital de cada día, más que una responsabilidad es una motivación para ser mejor hoy y siempre. Así es que celebremos su magia y el poder que posee para transformar a todas las que por decisión propia o por caprichos de la vida hemos tenido la fortuna de ser madres.
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