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EL DEBATE DEL CALENDARIO ESCOLAR

JENY FARÍAS.-

El 7 de mayo, la SEP anunció que el ciclo escolar terminaría el 5 de junio. El 11 de mayo dio marcha atrás. Tras una sesión extraordinaria de más de cinco horas con los 32 secretarios estatales de educación, las autoridades resolvieron respetar el calendario original: las clases terminarán el 15 de julio, como siempre estuvo planeado. Cuatro días en los que vimos una propuesta, miles de discusiones y posicionamientos en redes y la reversa. Pero esto no es un caso cerrado, pues todo este relajo reveló con una claridad que pocas veces se produce en la política educativa, todo lo que el sistema lleva años sin querer resolver.

El argumento oficial para adelantar el fin de cursos fue doble: el calor y el Mundial. En varias regiones del país, las escuelas públicas carecen de aire acondicionado, ventilación adecuada, acceso constante a agua potable y espacios techados suficientes. Eso es verdad, pero esa verdad llevaba años existiendo mucho antes de que la Copa del Mundo apareciera en el horizonte. Si el calor es un problema estructural que afecta el aprendizaje de millones de niñas y niños, ¿por qué la respuesta es cerrar las escuelas en lugar de acondicionarlas? Mario Delgado llegó incluso a argumentar que después del 15 de junio "las aulas se mantienen abiertas sin un propósito pedagógico verdadero", a lo que deberíamos estar exigiendo una siguiente respuesta: ¿desde cuándo sabe eso y qué se ha hecho al respecto?

Las autoridades reconocieron que el eco que generó la noticia indica que les faltó considerar otras voces, como las de los padres de familia y el magisterio que viven realidades muy distintas según el territorio, pero no solo faltaron otras voces, faltó más bien una perspectiva completa sobre quiénes cargan con las consecuencias de las decisiones educativas: las niñas, niños y adolescentes primero, y las mujeres después.

Sobre las y los estudiantes, el silencio fue elocuente, ya que en ningún comunicado oficial apareció la pregunta: ¿qué pasa con las niñas y los niños en situaciones más vulnerables cuando la escuela cierra? No los que tienen campamentos de verano y clases particulares, sino aquellos que tienen a la escuela como único espacio seguro, como única comida garantizada del día, como única alternativa a las calles, y como el lugar con maestras y maestros capacitados para detectar si algo malo está ocurriendo en casa.

Sobre las mujeres, el debate tuvo un momento en el que se reconoció que al cerrar la escuela, el cuidado recae mayoritariamente en mujeres y obliga a familias a buscar dónde dejar a sus hijos, sin embargo también se dijo que las escuelas no son guarderías. Nombrar el problema para inmediatamente evadirlo deja ver que la perspectiva de género sigue quedando ausente aún con el reversazo.

Al final la SEP cedió. El calendario se mantiene. Pero el problema del calor no desapareció, ni la falta de agua en los baños, ni el rezago educativo acumulado, ni la desigualdad de género en el trabajo de cuidados. Lo que el debate de cuatro días dejó sobre la mesa no es un tema cerrado: es una agenda pendiente que el sistema lleva demasiado tiempo convirtiendo en emergencia para después tratar como anécdota. El Mundial empieza en un mes. Esa infraestructura que nunca se construyó, en cambio, seguirá ahí en agosto, en septiembre, en enero y en todos los ciclos escolares que vendrán. Exijamos juntos, amigas y amigos. Las niñas y niños del sistema educativo público se lo merecen.

Te invitamos a seguir esta conversación y a ser parte de las redes que impulsan el cambio en @vengavibremospositivo @ffemmex y @_jenyca. Porque la transformación no ocurre en un solo día… se construye todos los días. Escríbenos a jorge@squadracr.com.

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