Con la llegada del verano termina el ciclo escolar y, para miles de niñas y niños, comienzan las vacaciones. Es una temporada que suele asociarse con descanso, viajes, graduaciones, sueños cumplidos y tiempo en familia. Sin embargo, para muchas madres, padres y tutores la realidad es distinta: las jornadas laborales continúan y surge una pregunta que cada año cobra mayor importancia: ¿quién cuida de las niñas y los niños durante el verano?
No todas las familias tienen la posibilidad de salir de vacaciones o de pagar un curso de verano privado. En muchos hogares, el presupuesto apenas alcanza para cubrir los gastos esenciales, por lo que encontrar un espacio seguro donde las y los menores permanezcan mientras sus cuidadores trabajan se convierte en una verdadera necesidad.
Las estancias infantiles y los espacios de cuidado representan mucho más que un lugar donde permanecer durante el día. Son entornos donde las niñas y los niños pueden convivir, aprender, desarrollar habilidades, jugar y crecer en un ambiente protegido. Además, brindan tranquilidad a las familias al saber que sus hijos están bien atendidos mientras cumplen con sus responsabilidades laborales.
La información proporcionada por Derechos de la Infancia señala que uno de los principales factores relacionados con el callejerismo infantil es la extrema pobreza. En uno de los apartados de esta institución se menciona que: "Todo niño en situación de pobreza extrema es candidato a ser desnutrido, desertor escolar, niño obligado a trabajar en las calles, llegando a ser menor infractor y, por lo tanto, ser internado en consejos tutelares, todo ello para su supervivencia."
En 1990, la mitad de la infancia mexicana vivía en hogares de gran pobreza. Esto significaba que alrededor de 20 millones de menores a nivel nacional enfrentaban condiciones de subalimentación, hacinamiento, falta de vivienda propia y carencia de servicios básicos. Además, muchos se encontraban fuera de los sistemas de atención a la salud, expuestos a altos niveles de violencia familiar y sin contar con un entorno material y social que les permitiera desarrollar una vida escolar adecuada.
La protección infantil, en su desarrollo psicosocial, constituye una de las preocupaciones más importantes a nivel mundial. A su atención se han encaminado los esfuerzos de los gobiernos, sobre todo en países como el nuestro, donde la población menor de 15 años representa un elevado porcentaje. Se estima que cerca del 50 % de la población pertenece a este grupo de edad y que aproximadamente el 1 % corresponde a niñas y niños desamparados o víctimas de maltrato.
Afortunadamente, existen alternativas respaldadas por el Estado. Las personas derechohabientes pueden acceder al Sistema de Solicitud de Ingreso a Estancias para el Bienestar y Desarrollo Infantil del Instituto, en su modalidad de estancias propias, el cual permite realizar el trámite de inscripción de manera sencilla y en línea desde cualquier equipo con acceso a internet. Este servicio busca facilitar el acceso a espacios seguros para las familias trabajadoras.
Más allá de un apoyo temporal durante las vacaciones, estas acciones reflejan un principio fundamental: el Estado tiene la responsabilidad de garantizar que todas las personas puedan ejercer plenamente sus derechos y vivir con dignidad. Cuando se generan políticas públicas que favorecen el cuidado infantil, también se fortalece el derecho al trabajo de madres, padres y tutores, al tiempo que se protege el bienestar de la infancia.
El cuidado de las niñas y los niños no debe entenderse únicamente como una responsabilidad familiar, sino también como un compromiso social. Existen redes de mujeres, organizaciones, instituciones y comunidades que, mediante cursos de verano, actividades recreativas y estancias infantiles, hacen posible que este periodo vacacional se convierta en una oportunidad para inspirar, aprender y divertirse.
Este verano, mientras muchos celebran el descanso, vale la pena recordar que miles de familias siguen trabajando. Pensar en ellas también es construir una sociedad más justa, donde el derecho al cuidado infantil deje de ser un privilegio y se convierta en una realidad accesible para todas y todos.
Porque el verano también puede ser un tiempo de aprendizaje, seguridad y esperanza cuando existen espacios que acompañan a nuestras niñas y niños, y cuando el cuidado se entiende como una responsabilidad compartida entre la familia, la sociedad y el Estado.
Reforcemos este verano con amor, información y sensibilidad la diversión y el esparcimiento como un derecho humano, así como las próximas metas y sueños por cumplir en el ciclo escolar venidero.
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