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INFANCIA NO ES DESTINO

NELLY GARCÍA

Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, publicó en el año de 1890 una de sus teorías más representativas referente a todo lo que determina el funcionamiento de la mente humana: él sostenía que las vivencias de una persona durante su infancia son determinantes para establecer, de manera involuntaria, su comportamiento, su pensamiento y su emoción, dejando una huella que trasciende por el resto de su vida. Es decir, una persona con una historia de vida compleja durante la infancia va a presentar una tendencia a tener una vida compleja durante la etapa adulta.

Si bien es cierto, una parte de esta teoría es acertada. Afortunadamente, la ciencia evoluciona y, con ello, el conocimiento del cerebro y de la salud mental también se amplía. Actualmente sabemos que el tipo de infancia o lo que se haya vivido durante las primeras etapas del desarrollo sí deja huellas significativas a nivel mental y emocional, afectando etapas posteriores del desarrollo. Sin embargo, tras muchos años de investigar la complejidad del cerebro humano, hoy podemos decir que la infancia no necesariamente es destino. Dicho en otras palabras, la biografía personal influye, mas no es una sentencia de por vida.

Al respecto, la Organización Mundial de la Salud estima que, a nivel mundial, entre el 50 % y el 65 % de los niños, niñas y adolescentes están viviendo eventos traumáticos externos a ellos. Estos eventos, por supuesto, tienen la capacidad de modificar la organización del cerebro. Y lo harán con tanta fuerza que se reacomodará su forma de pensar, sentir y conectar con el mundo que los rodea.

Estos eventos son situaciones muy puntuales que salen totalmente del control de los niños, niñas y adolescentes. Por ejemplo, la omisión de cuidados por parte de papá, mamá o quien esté a cargo de la crianza principal, violencia intrafamiliar, violencia sexual, accidentes dentro o fuera del hogar, ataques por parte de personas conocidas o desconocidas, muertes, desastres naturales, guerras, entre otros. Por lo tanto, si seguimos la teoría anteriormente propuesta por Freud, la mayoría de esos menores de edad estarían determinando su vida a futuro de manera totalmente involuntaria, con base en situaciones que no eligieron vivir.

Pero la realidad es que no todo es tan determinante como nos mostraron en épocas anteriores, pues el cerebro humano tiene la capacidad de generar nuevas conexiones, mediante las cuales pueden aparecer nuevos patrones de conducta, pensamientos o emociones, disminuyendo de esta manera el impacto de las vivencias difíciles o dolorosas que, a mayor escala, llegan a generar un trauma emocional en la persona.

Esto se puede lograr con mucho trabajo personal dentro de un acompañamiento psicoterapéutico cálido, en donde se trabajará principalmente el contacto frecuente con relaciones y vínculos sanos, los cuales ayudarán a generar una reconexión a nivel cuerpo-mente, impactando de una manera significativa en la persona para poder reescribir el desenlace de su historia de vida. Por lo tanto, con total certeza puedo decir que una persona no está condenada a repetir, pues siempre se pueden construir nuevas formas de ser y de aprender. Entendiendo que no se trata solo de cambiar la conducta, sino de descubrir y adoptar otras formas de habitar en el mundo. El reto está en recuperar el control y adueñarse de tu propia vida.

Para mayor información sigue las cuentas de @vengavibremospositivo, @ffemmex y @nellygarcia.psicoterapeuta. Escríbenos a jorge@squadracr.com.

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