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LAS CONVERSACIONES QUE YA NO EXISTEN

NAYELI RANGEL

Hay personas que no se van del todo. Se quedan viviendo en los lugares más inesperados: en una taza de café, en un lápiz labial, en un recuerdo del cine, en una canción. Hay días en los que me sorprendo pensando: "Tengo que contarle esto". Quiero platicarle lo que hizo una de mis hijas, la ocurrencia que nos hizo reír, el logro que me llenó de orgullo, el problema que no sé cómo resolver. Durante un instante olvido que ya no está. Y entonces la realidad vuelve, silenciosa, como una ola que siempre alcanza la orilla. Todavía no se termina el lápiz labial que me regaló hace no mucho, cada vez que lo hago, inevitablemente aparecen las lágrimas. No es el maquillaje; es el recuerdo de sus manos entregándolo con ese cariño tan suyo, de su manera de compartir a manos llenas. Hace poco abrí nuestra conversación de WhatsApp buscando un audio suyo, porque tenía ganas de escuchar su voz, con tristeza me di cuenta de que no tenía. Aunque perfectamente puedo escuchar su voz en mi cabeza y eso me consuela.

Perder a una buena amiga es perder ese lugar seguro donde podíamos contarnos las preocupaciones sin miedo a ser juzgadas. Con ella podía hablar de todo. Y ese tipo de amistad es un privilegio que muy pocas veces regala la vida. Pienso también en Natalia e Iván. El corazón duele al imaginar el vacío que deja una mamá. Sé que estarán rodeados de amor. Tendrán a su papá, a sus primos, a sus tías, abuelos, a los amigos y buenos maestros que nunca los soltarán de la mano. Pero hay ausencias que nadie puede ocupar. El amor de una madre tiene un lugar propio e irrepetible. Su abrazo, sus consejos, su sarcasmo, su humor y manera de recordar con risas los acontecimientos de la vida… todo eso hace falta para siempre. Ella enfrentó el cáncer con una determinación que nunca dejó de admirarme. No permitió que la enfermedad definiera quién era. Peleó con valentía, con esperanza y con una dignidad que sigue siendo ejemplo para quienes tuvimos la fortuna de acompañarla. Su lucha fue inmensa, pero mucho más grande fue la huella que dejó en quienes la amamos. Hoy no quiero que el cáncer sea lo primero que la recuerde. Prefiero recordar su risa, su generosidad, su capacidad de escuchar, su amistad incondicional y ese don maravilloso de hacer sentir que todo se puede.

Porque el amor verdadero no termina cuando alguien parte. Solo cambia de lugar. Deja de vivir en la presencia para quedarse, para siempre, en la memoria y en el corazón. Con muchísimo amor te recuerdo Silvia Liliana Bonilla Dávila. Gracias por tu amistad, tus consejos, tu humor y por todo lo bueno que sembraste en mí. Te invitamos a seguirnos en nuestras redes sociales: en Facebook como Vibremos Positivo y Fundación Femmex; o en Instagram como @jorge_lpz, @vengavibremospositivo y @ffemmex. Escríbenos a jorge@squadracr.com.

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