Es verdad: no podemos controlar las situaciones externas, los temperamentos de los demás, sus reacciones, las catástrofes naturales, las injusticias ni las desgracias que aparecen, muchas veces sin aviso, en nuestras vidas.
Pero hay algo que sí podemos elegir.
Cómo reaccionamos.
Cómo respondemos.
Cómo actuamos.
Aunque te provoquen.
Aunque te griten en la cara.
Aunque te insulten, te humillen o te juzguen.
Aunque alguien intente llevarte a su lugar de enojo, tú puedes decidir si vas o no.
Y aunque el mundo nos enfrente a tragedias, guerras, pandemias, pérdidas y situaciones que nos sacuden profundamente, siempre podemos detenernos un instante y preguntarnos:
¿Cómo voy a responder ante esto?
¿Desde el odio?
¿Desde la venganza?
¿Desde la indiferencia?
¿Desde la mentira?
¿Desde el orgullo?
¿Desde el ego?
¿O desde el amor?
¿Desde la compasión?
¿Desde la escucha?
¿Desde la reflexión?
¿Desde el aprendizaje?
No elegimos todo lo que nos sucede.
Pero sí podemos elegir quién queremos ser frente a lo que nos sucede.
Y quizá ahí reside una de nuestras mayores libertades.
Porque la vida no siempre nos pregunta qué queremos que ocurra. Muchas veces, simplemente ocurre.
Por eso hoy te pregunto:
¿Cómo eliges vivir diariamente?
¿Desde el miedo o desde la expansión?
¿Desde la defensa o desde la apertura?
¿Desde el resentimiento o desde la posibilidad?
No podemos controlar el mundo.
Pero podemos elegir desde dónde habitamos el mundo.
Y esa elección, repetida cada día, puede cambiarlo todo.
JL
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