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VIBREMOS POSITIVO

¿QUÉ DERECHOS HEREDARÁN NUESTRAS JÓVENES?

Era un video de menos de dos minutos. Una joven, con total claridad y convicción, hablaba del futuro que había elegido para sí misma: casarse joven, tener hijos, dedicarse al hogar. En cuestión de horas la aplaudieron miles de personas, y otras miles la criticaron. Unos dijeron que traicionaba décadas de lucha; otros celebraron que, por fin, alguien "recuperaba los valores de antes".

Me quedé viendo los comentarios pasar en la pantalla, y ahí entendí algo: la discusión nunca fue sobre esa joven. Tampoco sobre las tradwives, ni sobre una tendencia más de internet. Lo que estaba de fondo era una pregunta mucho más grande: ¿seguirán teniendo las jóvenes la libertad de elegir quiénes quieren ser? Eso, y solo eso, es lo que en realidad está en juego.

Hace apenas unos días conmemoramos el Día Internacional de la Juventud, una fecha en la que solemos hablar de talento, innovación y oportunidades. Pero casi nunca nos detenemos a pensar que el futuro también se construye protegiendo las libertades que ya damos por sentadas.

Hay generaciones enteras que crecieron creyendo que votar siempre fue un derecho, que estudiar medicina, ingeniería o derecho era algo completamente normal, que abrir una empresa, hacer política, divorciarse, decidir si ser madres o no, viajar solas o construir un proyecto de vida propio siempre había sido posible. No fue así. Cada uno de esos derechos tiene una historia detrás, y casi todas esas historias empiezan con una mujer a la que le dijeron que no podía.

En México conquistamos el voto en 1953, hace apenas 73 años. Muchas de nuestras abuelas ya habían nacido cuando eso todavía no era una opción para ellas. No es historia antigua: es memoria viva, de esas que se pueden tocar con una llamada a la familia.

Quizás el mayor triunfo de las mujeres que vinieron antes que nosotras fue justamente ese: lograr que la igualdad empezara a sentirse cotidiana, como si siempre hubiera estado ahí. Pero la historia también enseña otra cosa: ningún derecho queda completamente a salvo. Casi nunca desaparecen de un día para otro ni llegan con un gran anuncio; se desgastan poco a poco, cuando dejamos de hablar de ellos, cuando dejamos de contar cómo se conquistaron, o cuando empiezan a presentarse como privilegios y no como derechos.

Hoy, en distintos países, están resurgiendo conversaciones que hace apenas unos años parecían impensables. En Estados Unidos, la Corte Suprema revocó en 2022 el derecho constitucional al aborto que llevaba casi 50 años protegido, devolviendo la decisión a cada estado, un derecho que millones de mujeres daban por inamovible. En Europa y América Latina crecen discursos que presentan la igualdad como una amenaza al orden social, y aparecen propuestas como el "voto familiar", que en la práctica diluyen la representación individual de las mujeres. Se van normalizando narrativas que no prohíben nada de manera explícita, pero que sí redefinen, poco a poco, qué se espera de nosotras. Todo esto ocurre en silencio, mezclado entre likes y trending topics.

Y aquí vale la pena hacer una pausa, porque no hay nada de malo en que una mujer elija quedarse en casa, dedicarse al cuidado de su familia o construir ahí su felicidad. Que pueda decidirlo libremente también es una conquista. El problema aparece cuando dejamos de hablar de elecciones para hablar de obligaciones: cuando una decisión personal se convierte en expectativa colectiva, y una forma de vivir empieza a presentarse como la única correcta.

La igualdad nunca se trató de que todas camináramos el mismo camino, sino de que existieran muchos caminos posibles y que ninguno se nos impusiera desde afuera.

Pienso en las niñas que hoy están aprendiendo a leer, en las adolescentes que sueñan con estudiar una carrera, en las jóvenes que quieren emprender, hacer ciencia, dedicarse al arte, formar una familia, vivir solas, viajar, meterse a la política o simplemente descubrir quiénes son sin que nadie más escriba su historia por ellas. Pienso en mis propias hijas, María y Jimena. Quiero que decidan lo que quieran ser sin que nadie -ni yo- les diga cómo deben vivir su vida. Que nadie les imponga un camino porque "así se hace" o "así se espera de una mujer".

El mejor legado que puedo dejarles no es decirles quiénes deben ser, sino asegurarme de que, cuando les toque decidir, nadie más lo haga por ellas. Las generaciones anteriores lucharon para ampliar nuestras posibilidades; ahora nos toca a nosotras cuidar que esas posibilidades no se reduzcan, ni en las leyes, ni en los discursos, ni en las pantallas que hoy están moldeando lo que las jóvenes creen que se espera de ellas.

La historia de los derechos de las mujeres no ha terminado. Sigue escribiéndose todos los días, y las páginas que vienen las estamos escribiendo también con nuestras decisiones de hoy. Los derechos también se heredan, pero solo permanecen vivos cuando cada generación decide protegerlos.

En Fundación Femmex creemos que la igualdad se construye defendiendo la libertad de elegir, y asegurando que las próximas generaciones encuentren más oportunidades, nunca menos. Te invitamos a seguir esta conversación en nuestras redes: @vengavibremospositivo @ffemmex y @pilipavoncreativa, porque el futuro de nuestras jóvenes dependerá, en buena parte, de las decisiones que tomemos hoy.

Escríbenos a jorge@squadracr.com.

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