La primera vez que escuché sobre "farmear aura" tuve que googlearlo, tal cual como me pasó con los therians y el 6-7. Y es que las y los señores ya no le entendemos a la chaviza.
"Farmear" es una palabra que tomaron prestada de los videojuegos. En algunos de ellos, tal cual tienes tu granjita y, mediante movimientos repetitivos, vas sembrando y cosechando frutos que te permiten acumular puntos o recursos dentro del juego. Farming en español es cultivar, pero en estos contextos se utiliza para nombrar acciones repetitivas que tienen como objetivo acumular algo.
Por eso, "farmear aura" se refiere a adolescentes que se reúnen para hacer batallas y decidir "quién tiene la mejor aura". Para conseguirla repiten poses, movimientos extraños o chistosos, gestos o bailes, mientras quienes están alrededor aplauden y deciden quién gana. Todo esto, además, suele grabarse, porque lo que buscan acumular no son puntos ni tomates o monedas virtuales, sino reconocimiento y admiración.
Lo increíble para mí, es que como suele ocurrir con casi todo lo que hacen las y los jóvenes, los adultos aunque no le entendamos ni sepamos de qué va, tenemos algo que decir al respecto.
Que si ya no saben convivir. Que si hacen demasiado ruido. Que si qué ridiculez, que antes los adolescentes "sí sabían divertirse". Pero hay algo que quizá no estamos diciendo, están ahí en el espacio público, juntos, divirtiéndose sanamente.
Creo que estamos cometiendo un error al mirar estas escenas únicamente desde la crítica adulta. Porque llevamos años diciendo que niñas, niños y adolescentes necesitan despegarse de las pantallas, convivir, salir, jugar y recuperar los espacios públicos. Pero cuando efectivamente salen y los ocupan, resulta que tampoco nos gusta cómo lo hacen. Y lo peor de todo, es que acudimos a la prohibición. Por ejemplo, en Honduras, el alcalde Samuel Romero, de La Libertad, ha intentado prohibir estas competencias y llegó a vincular la tendencia con la necesidad de recuperar el servicio militar. Su crítica parte de la idea de que estas actividades son una muestra de frivolidad juvenil.
En México también hay un caso interesante: el Ayuntamiento de Ignacio de la Llave, Veracruz, canceló un evento de aura farming previsto en un parque municipal, argumentando motivos legales.
Pero hay un contraste, en Querétaro se tomó la postura contraria. Su Secretaria de Educación señaló recientemente que no hay motivo para prohibir las batallas de aura en las escuelas mientras no vulneren derechos ni pongan en riesgo a los estudiantes, y en Michoacán incluso hay autoridades legislativas organizando este tipo de eventos para las y los jóvenes.
Podemos pensar que es absurdo, superficial o ridículo y probablemente algunas de esas cosas sean ciertas. Pero también es cierto que detrás de una tendencia nacida del lenguaje de los videojuegos hay adolescentes buscando algo muy poco virtual que es encontrarse con otros.
Durante años les hemos pedido que salgan de las pantallas, que convivan, que jueguen, que recuperen las calles, los parques y las plazas. Tal vez deberíamos ser coherentes cuando lo hacen de una manera que no entendemos o que no nos parece suficientemente seria. No nos hagamos tontos, hay que recordar que nuestra generación cazaba pokemones.
El espacio público les pertenece y convivir no siempre se verá como nosotros imaginamos, a veces será una conversación, otras un partido, una caminata y, ahora nos guste o no, una batalla de aura.
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