El calor mueve la economía lagunera
El sol cae a plomo sobre Torreón y Gómez Palacio. Son las tres de la tarde y el termómetro se acerca a los 40 grados. El aire parece detenido y la ciudad se mueve al ritmo del calor, que no solo agobia, sino que también activa la economía en cada esquina.
En los pasillos de los centros comerciales, las familias se detienen a preguntar por minisplits y ventiladores, comparan precios y buscan promociones. Los vendedores apenas alcanzan a reponer los aparatos en exhibición: “En esta temporada se van como pan caliente”, dice uno de ellos, mientras acomoda cajas de ventiladores portátiles. El calor convierte la compra en una urgencia, y cada aparato vendido es un alivio para un hogar lagunero.
Fuera, en las esquinas de las calles, puestos improvisados ofrecen aguas frescas de jamaica, limón y horchata. El tepache, servido en vasos de plástico con hielo, se convierte en un respiro para quienes conducen bajo el sol.

VER MÁS Banamex transformará la anualidad de tarjetas en pago mensual a partir de 2026
Banamex convierte la anualidad de tarjetas en cobro mensual desde julio de 2026 sin costo extra hoyA unos metros, una señora vende hielitos de sabores desde una hielera azul, hay los tradicionales de tamarindo, chocolate, mango, pero también sabores gourmet como fresas con crema o pay de limón. Los niños se acercan con monedas en la mano, y ella sonríe: “En los días calurosos no me doy abasto”.
Las neverías tradicionales también viven su temporada dorada. Las nieves de garrafa, con su sabor artesanal, se mezclan con helados modernos en vitrinas de colores. Familias se sientan en las plazas, con vasos de nieve que se derriten rápido, obligando a comer con prisa. El calor convierte a la nieve en un ritual colectivo, de resistencia y disfrute.
En las colonias, los vasos de fruta fresca de sandía, melón, piña y mango cortados en cubos brillan bajo el sol, acompañados de chile en polvo y limón. Los puestos de mariscos también aprovechan el clima, el ceviche de pescado y camarón, servido en tostadas crujientes, se vuelve el platillo ideal para quienes buscan frescura y sabor.
“Con este calor, el ceviche se vende solo”, comenta un comerciante mientras atiende a clientes que llegan en motocicleta.
El ocio también se transforma en negocio. Las quintas con alberca se rentan con semanas de anticipación. Familias y grupos de amigos buscan escapar del calor en espacios privados, donde la alberca se convierte en el centro de la convivencia. Los propietarios ofrecen paquetes con música, alimentos y entretenimiento, y cada fin de semana la demanda supera la oferta.

VER MÁS ¿Cómo les pega la inflación a los comerciantes del Mercado Alianza?
Comerciantes reportan menor consumo y ajustes en la compra ante el alza de precios en productos básicos como el aguacate y la papaEn los bares y restaurantes, el consumo se adapta. Las cervezas frías y los cocteles refrescantes dominan las mesas. Los eventos deportivos se convierten en pretexto para reunirse en espacios climatizados, donde el aire acondicionado es tan importante como la pantalla gigante. El calor, lejos de alejar a los clientes, los empuja a buscar refugio en estos lugares.
La economía lagunera se mueve al compás del clima. El calor extremo, que para muchos es un castigo, se convierte en oportunidad para cientos de negocios, desde el vendedor de hielitos en la esquina hasta el empresario que instala minisplits en oficinas. Cada vaso de agua fresca, cada nieve, cada ceviche y cada alberca rentada son parte de un engranaje que demuestra cómo el clima moldea la vida y el consumo en la región.
La Laguna se sofoca con temperaturas máximas cercanas a los 40 grados centígrados pero también se activa. El calor, inevitable y persistente, se transforma en motor económico y en detonante de creatividad.