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LITERATURA

Lagunera obtiene Estancia Literaria Octavio Paz de Poesía 2026

Renata Iberia Muñoz Chapa de 29 años de edad tendrá la oportunidad de concluir su proyecto poético Muda en el Colegio de San Ildefonso ubicado en Ciudad de México

(BUNGA VAN)

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DANIELA CERVANTES

Aunque hace una década la lagunera Renata Iberia Muñoz Chapa trasladó su vida a la Ciudad de México, la poesía (como una forma de arraigo) la devuelve siempre a su punto de origen. Hay en su escritura una insistencia por volver a su tierra. No es casual que en su pensamiento persista un juego íntimo con la palabra Torreón, donde descubre un anagrama revelador: retorno.

Desde esa tensión entre partida y pertenencia nació Muda, el proyecto con el que recientemente fue seleccionada para realizar la Estancia Literaria Octavio Paz de Poesía 2026. En ese libro en proceso, Renata explora el desarraigo, la sensación de no pertenecer del todo a ningún sitio, pero también la forma en que la escritura puede otorgarle un refugio.

La residencia poética, inspirada en el legado del Nobel mexicano, se llevará a cabo en el Colegio de San Ildefonso, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, un espacio cargado de historia y de resonancias artísticas. Entre sus muros, donde habitan murales de José Clemente Orozco y donde permanece la memoria de Octavio Paz, Renata espera encontrar una atmósfera que dialogue con su escritura: “Ojalá ese espacio también me cobije”, expresa la joven autora.

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Durante su estancia, participará en talleres, lecturas y encuentros con escritores consolidados, en un proceso que, más que validar, buscará afinar y expandir su voz poética.

A sus 29 años, la autora, quien actualmente trabaja en un call center, recibió la noticia de su selección de forma inesperada: “Me llamaron al trabajo. Tuve que irme al baño para contestar. No lo esperaba. Yo siempre mando las convocatorias, pero después olvido”.

Había pasado un mes desde que envió su proyecto poético. La sorpresa, más que incredulidad, confirmó una intuición: que su escritura, profundamente ligada al desierto y a la atmósfera de la Comarca Lagunera, tiene, definitivamente, algo que nombrar de su norte como zona de origen y pertenencia.

En ese sentido, el vínculo con su territorio también atraviesa su primer libro en proceso al cual tituló Nido de alacranes, un proyecto que, afirma, no podría transitar en otro lugar que no fuera Torreón.

“No podía empezar mi trayectoria en otro lado”, dice sobre este trabajo que dialoga con su origen y que espera ver la luz el próximo verano bajo el sello independiente Polilla Editorial.

Es así que más que un punto de llegada, la estancia literaria servirá a Renata como un espacio de tránsito: un lugar donde la palabra se comparte, se expande y se transforma.

Aquí el diálogo que la joven promesa literaria lagunera mantuvo, referente a su selección, con este diario.

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El jurado describió tu proyecto Muda como una obra híbrida, ¿en qué momento sentiste que el verso ya no era suficiente y que necesitabas incorporar también el poema en prosa?

Creo que el recorrido que he hecho, después de que decidí que quería dedicarme a escribir, estuve probando un poco de varios géneros para ver donde me acomodaba mejor y por un tiempo yo pensé que podría ser en la narrativa, entonces intenté escribir cuento. El primer libro (que está en proceso de publicación) lo comencé a escribir como una novela pero esta exploración con la narrativa no duró mucho. Me cansé un poco de la obligación, por así decirlo, de crear arcos narrativos, de ir siempre tras la acción, de estar haciendo rutas, planos, desarrollo de personajes, entonces me di cuenta de que lo que mí me gustaba era recuperar instantes a través de detalles inconexos o bueno, aparentemente inconexos y siento que esa inclinación cabía muy bien en la poesía, porque en ese género no tienes que explicarlo todo, se presta muy bien al juego de sugerir, para después mostrar.

Tu proyecto también plantea un desplazamiento entre dos ciudades, ¿Qué tan autobiográfico es ese tránsito y que tanto responde a una construcción literaria?

Definitivamente parte de mi experiencia al irme de Torreón para venirme a la Ciudad de México hace 10 años.

(BUNGA VAN)
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'Siento que la nostalgia es una enfermedad poética de la que uno nunca se cura”.

También hay un cruce entre juventud y adultez ¿Qué pérdidas o transformaciones te interesaba fijar en ese espacio de tiempo?

El libro surge en el cruce de dos sentidos, yo estaba pensando en la palabra Muda en relación al silencio, pero también en Muda como desplazamiento, como mudarse. Entonces la idea central del proyecto, que es dejar el lugar, no solamente significa desplazar el cuerpo sino también el lenguaje. Y también pensar no sólo en la infancia, también en una adultez prematura. Por eso el libro comienza en el instante en el que se abandona el lugar de origen y en esa primera parte voy buscando detalles, creo que mi manera de acercarme a los temas que me interesan es precisamente ir buscando instantes específicos que me van dando la forma que estoy buscando. Y en esta primera parte retrato una adultez que está a punto de comenzar y ahí regreso a instantes específicos, ahí aparecen por ejemplo las manos de mis padres cuando nos despedimos, el olor del camión que me trajo, el color de cielo de ese día. Lo que me gusta de la poesía es que puedo recuperar justo estos instantes y no tengo que explicar lo demás. Siento que cuando esos instantes se juntan, ahí está todo, es tu pequeño mundo.

¿Qué dimensiones contiene para ti la palabra Muda?

Justo ese cruce de sentidos. Cuando empecé a pensar en este proyecto me gustó mucho esa dualidad. Pienso que mudarse no implica nada más mudar el cuerpo o mudar las cosas, sino también mudar el lenguaje. Siento que esa reconfiguración del lenguaje también pasa por el silencio, es decir, por un estado de mutismo, pero aquí lo bello y el diamante que te da todo esto, es que puedes regresar a las palabras y que ellas te permiten crear ese arraigo. Al final cualquier experiencia, cualquier dolor o alegría puede desembocar en la palabra. Es paradójico también, porque el libro se llama Muda, pero detrás de él, existe el ejercicio de llegar siempre a las palabras, y que incluso se trata de resistir al desarraigo a través de las palabras.

En ese sentido, el silencio también parece ser un eje central en tu obra ¿Cómo se escribe sobre lo que no se dice o sobre lo que podría quedar suspendido?

La poesía es como un juego entre mostrar y sugerir. Pones un pie en nombrar y otro pie lo dejas lo dejas en manos del misterio. Algo que me gusta mucho del género y que siento que es una de sus grandes bondades, es que el espacio en blanco de la hoja también cuenta, representa el silencio que acompaña a las palabras, entonces, es muy importante que estas sostengan lo que quiere plasmar el silencio, porque esté en la poesía también importa.

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¿De qué manera crees que el paisaje de La Laguna atraviesa tu escritura?

En La Laguna, específicamente en Torreón, de ahí nace todo mi imaginario, y siento que siempre regreso ahí. A pesar de que ya llevo acá 10 años, casi 11 y que realmente estoy muy atravesada por las imágenes y por el pulso que brinda la capital, siento que siempre voy a regresar a Torreón. El desierto, el polvo, el calor, todas esas imágenes son fundamentales y fundacionales. Nunca va dejar de ser mi gran orgullo ser de ahí, y siento que pesar a pesar de la distancia, ese es otro regalo de las palabras, que siempre puedo regresar a Torreón a través de ellas. Hace varios años me di cuenta de que la palabra Torreón, es un anagrama de la palabra retorno, y para mí eso es muy simbólico.

Aunque La Laguna tiene una carencia de instituciones para estudiar letras, Torreón sigue pariendo poetas…

Sí, y es que Torreón tiene un pulso y una esencia muy específica, y en ese sentido siento que nuestra voz y nuestras historias son valiosas y eso hay que defenderlo mucho. Hay que defender nuestra voz del desierto.

Después de Muda hacía dónde sientes que te moverá tu escritura, más hacía la experimentación formal, o hacía una depuración de la voz…

Me gustaría explorar el ensayo. La poesía es bastante exigente y en los últimos años me he dedicado a afinar mucho la voz poética que voy creando, pero en algún momento me gustaría dejarla descansar un poco y regresar a escribir ensayo. También me gustaría intentar escribir una novela. Pero eso sí, nunca soltarme de la poesía.

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