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Últimas noticias

Mundialismo

DENISE DRESSER

Hay imágenes que uno no olvidará de este Mundial. El Ángel de la Independencia convertido, noche tras noche, en una celebración espontánea. Familias enteras viendo los partidos en televisores improvisados sobre las banquetas. Extranjeros y mexicanos cantando "Cielito lindo" al terminar los encuentros. Niños con camisetas de selecciones de los cinco continentes jugando juntos en las plazas. Y una selección mexicana jugando con una esperanza y una alegría que hace años no despertaba. Los cuatro primeros partidos ganados y ningún gol recibido. Un país entero conteniendo la respiración y luego soltándola en un grito compartido.

EDITORIAL
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La migración enriquece (pregúntenle a Infantino) [Primera parte]

ARTURO GONZÁLEZ GONZÁLEZ

El Mundial de Fútbol 2026 es el mundial de los migrantes. De los 1,248 jugadores que participan en el campeonato de América del Norte, 289 no nacieron en el país que representan. Una cifra récord. Prácticamente uno de cada cuatro seleccionados juega para un equipo distinto al de su nacimiento. El hecho es más relevante de lo que parece. Es el reflejo de una realidad global que enriquece más de lo que divide en un momento de la historia en el que, otra vez, desde un sector de la sociedad, se tiende a satanizar a la persona de escasos recursos que "viene de fuera". Porque hay que ser precisos: en los países "desarrollados" donde la xenofobia ha resurgido, el discurso antiinmigrante se dirige principalmente contra seres humanos en condición de pobreza que, por necesidad, tuvieron que dejar sus lugares de origen, países de características fisonómicas dominantes distintas a la de los países destino. Es decir, la xenofobia casi siempre va acompañada de aporofobia (rechazo a las personas en situación de precariedad) y racismo. Por eso, que casi un 25 % de los jugadores mundialistas sean migrantes no es un asunto menor.

EDITORIAL

De reglas y eventos

JESÚS SILVA-HERZOG

La línea oficial del gobierno se repite por todos lados. No es grave el anuncio del gobierno de los Estados Unidos. El tratado sigue vivo, mantenemos un trato comercial privilegiado. Tendremos que revisar anualmente los términos del acuerdo, pero todo se mantiene en orden. Habrá que aguantar un par de años con la confianza de que las cosas volverán a su lugar con el nuevo habitante de la Casa Blanca. Cuando Trump se vaya terminará imponiéndose. La postura del gobierno será entendible, pero no es convincente. Desde luego que la terminación del acuerdo habría sido infinitamente más dañino, pero no puede ignorarse que el anuncio es preocupante. El acuerdo de 1994 fue un compromiso político. Desde su firma fue mucho más que un mecanismo para reducir o eliminar aranceles, fue una plataforma de certidumbre. Los tres países se ataban las manos sellando un pacto duradero. El tratado funcionó como una suerte de constitución económica de Norteamérica. Definía reglas, fundaba instituciones comunes, establecía procedimientos para resolver desacuerdos, anticipaba mecanismos para su modificación. Esa plataforma de confianza es la que está desapareciendo con los hachazos de Trump.

EDITORIAL

¿Nos estamos quedando solos? (II)

LORENZO MEYER

Fijemos ahora la atención en Brasil. Un eje Brasil-Mexico englobaría al 51.3% de la población de América Latina y El Caribe y a dos de las economías más importantes de la región. Luis Inacio Lula da Silva es el presidente latinoamericano con mayor experiencia para el cargo pues el actual es su tercer mandato, su ideología es de una izquierda moderada, Brasil es fundador del grupo de los BRICS y por ello y otras cosas se ha enfrentado a Trump y mantiene una buena relación con el gobierno de México. Lula, pese a su edad -80 años- va en busca su cuarta reelección no consecutiva en este octubre. Y para ello tendrá que vencer al "bolsonarismo", un movimiento de derecha encabezado por Flavio Bolsonaro, el hijo del expresidente Jair Bolsonaro -hoy en prisión por pretender dar un golpe de Estado contra Lula-y que según las encuestas es una corriente política en ascenso. En cualquier caso, la familia Bolsonaro mantiene relaciones personales con Trump y el apoyo abierto del mandatario norteamericano al vástago del expresidente golpista es un factor que sin duda jugará en la elección de octubre.

EDITORIAL

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