La migración enriquece (pregúntenle a Infantino) [Primera parte]
ARTURO GONZÁLEZ GONZÁLEZ
El Mundial de Fútbol 2026 es el mundial de los migrantes. De los 1,248 jugadores que participan en el campeonato de América del Norte, 289 no nacieron en el país que representan. Una cifra récord. Prácticamente uno de cada cuatro seleccionados juega para un equipo distinto al de su nacimiento. El hecho es más relevante de lo que parece. Es el reflejo de una realidad global que enriquece más de lo que divide en un momento de la historia en el que, otra vez, desde un sector de la sociedad, se tiende a satanizar a la persona de escasos recursos que "viene de fuera". Porque hay que ser precisos: en los países "desarrollados" donde la xenofobia ha resurgido, el discurso antiinmigrante se dirige principalmente contra seres humanos en condición de pobreza que, por necesidad, tuvieron que dejar sus lugares de origen, países de características fisonómicas dominantes distintas a la de los países destino. Es decir, la xenofobia casi siempre va acompañada de aporofobia (rechazo a las personas en situación de precariedad) y racismo. Por eso, que casi un 25 % de los jugadores mundialistas sean migrantes no es un asunto menor.