Arte lagunero que denuncia la sequía
En La Laguna, donde la tierra se agrieta y el agua escasea, el arte habla con urgencia. Algunos lo hacen desde los versos, otros desde los muros que resisten la aridez del desierto, y también hay quienes se expresan a través de la música. Cambian los lenguajes, pero no el fondo: una denuncia compartida frente a la crisis hídrica que atraviesa la región y se infiltra en la vida cotidiana.
A través de la estética, artistas laguneros han ido tejiendo un movimiento que transforma la sequía en imagen, en ritmo y en voz.
Según datos oficiales, la región enfrenta una crisis hídrica severa, marcada por los niveles críticos en las presas Lázaro Cárdenas y Francisco Zarco, lo que ha derivado en una reducción histórica de la superficie agrícola sembrada.
Pero más allá de las cifras, la escasez se traduce en escenas concretas: llaves que dejan de correr, familias que dependen de pipas y un río que sobrevive más en la memoria que en el paisaje. Es en ese vacío (entre lo que fue y lo que falta) donde el arte encuentra su cauce para insistir, recordar y, sobre todo, incomodar. Por ello, desde sus propias trincheras creativas, la rapera gomezpalatina Ale Benavente, el artista plástico Santiago Espiricueta y el colectivo Hippiesónicos (integrado por Sandra Casale Guerra, Marcelo Gamboa Becerra, Bernardo Fernández, Marcelino Covarrubias, Mariana Valenzuela y Jorge Valenzuela) han convertido sus obras en algo más que expresión: en posicionamiento.

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Autoridades federales analizan posibles afectaciones tras evento irregular en el área natural protegidaA través de sus piezas, ellos otros artistas laguneros, no sólo visibilizan la escasez, sino que interpelan a la sociedad y a las autoridades, recordando con firmeza que el agua no es un privilegio ni un recurso inagotable, sino un bien común cuya defensa también se disputa en el territorio del arte.
EL RAP COMO MEMORIA DE LA SEQUÍA
En el caso de Ale Benavente, su participación surgió a partir de una convocatoria impulsada por el artista Marcelino Covarrubias, quien promovió la creación de piezas musicales en torno a la crisis del agua y la necesidad de reabastecer el manto acuífero. Sin una línea discursiva impuesta, la consigna fue clara: escribir desde la experiencia propia.
Así nació "¿Dónde quedó el agua?", un rap de protesta que, más que denunciar, reconstruye una memoria personal atravesada por la pérdida. La canción se inspira en la historia familiar de la artista: una infancia marcada por las parcelas en Ciudad Lerdo, donde sus tíos sembraban alfalfa, maíz y sorgo hasta que el acceso al agua cambió todo de manera irreversible.
"Recuerdo que era un tema desde entonces. Les cortaron el agua y empezaron a usar aguas negras. Ya no era lo mismo. Mi tío tuvo que vender sus derechos, perdió su parcela… ahí empezó la crítica dentro de la familia".
Esa vivencia íntima se transformó en una narrativa colectiva. En los versos que expone en su rola, la sequía no es sólo una estadística, sino una herida compartida que atraviesa generaciones. "Al final es algo que nos afecta a todos los laguneros. El calor, el río seco, las lluvias escasas, es una realidad que ya estamos viviendo".
El coro, por ejemplo, sintetiza esa pérdida con una imagen contundente: "¿Dónde quedó el agua que corría por mi calle? / donde el recuerdo del canal de ese valle / se la tragó el dinero y el desmadre / y ahora nos queda resistir bajo este aire". Una evocación directa a una infancia donde el agua aún era parte del paisaje cotidiano y del juego.
Para Ale Benavente, el rap no puede desligarse de la denuncia. "Siempre he pensado que el rap es protesta", afirma. Y en ese sentido, su música se suma a una ola más amplia de activismo artístico en la región, donde el graffiti, el baile y la música convergen como herramientas de conciencia.
"Lo que buscamos es conectar, que alguna frase le llegue a alguien y entienda el problema. Y si todas esas expresiones se juntan, se vuelve algo mucho más potente".


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La demanda ciudadana actual es simple: dejar que el agua siga su cauce natural para así bombear el corazón de esta arteria que durante siglos fue la principal fuente de agua superficial de La Laguna.Ese impulso colectivo no se agota en una sola pieza. La iniciativa, explicó la artista, sigue abierta a más creadores que deseen sumarse, bajo una lógica de colaboración y acceso libre: producir, grabar y difundir sin costo, como una forma de resistencia pacífica que busca amplificarse.
En ese cruce entre arte y territorio, la consigna es clara: hacer visible lo que duele, nombrar lo que falta y, sobre todo, incomodar.
Cabe mencionar que la rapera presentó "¿Dónde quedó el agua?" por primera vez en agosto del año pasado en el evento El Canto al Agua, una manifestación impulsada por el movimiento ciudadano Nazas Vivo que convocó a los laguneros frente al lecho seco, para llamar a reactivar el río urbano y respaldar la sentencia 543 de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, dirigida a recuperar el acuífero principal de la región. Actualmente la canción está a la espera de ser subida a plataformas oficiales.
EL MURAL COMO TERRITORIO
Desde otra trinchera, la del espacio público, el artista plástico Santiago Espiricueta traslada, por medio de su visión y técnica, la urgencia de "despertar" al Río Nazas.
Su intervención más reciente, titulada "Ofrenda al Padre Nazas", no se levantó en un muro convencional, sino desde el techo de un gimnasio ubicado por la calle Treviño en el centro de Torreón, pensado así para ser observado desde las alturas del teleférico: una obra que, más que imponerse, busca ser descubierta.

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Alondra perdió a 4 integrantes de su familia cuando tenía 5 años. Hoy, a sus 19, narra cómo ha sido crecer sin certezas y con la esperanza desgastadaLa pieza surgió gracias a una iniciativa impulsada por Encuentro Ciudadano Lagunero, un colectivo preocupado por el medio ambiente y por la recuperación del Río Nazas. La consigna, explicó el artista, fue clara pero abierta: construir una imagen capaz de comunicar sin caer en lo evidente, apelando a un lenguaje simbólico que conectara con diversos públicos.
"El mensaje es muy claro: pensar en la vuelta del Río Nazas, en los beneficios de recuperar su flujo natural, en una ruta que tiene memoria", señaló. Pero lejos de una representación literal, Espiricueta optó por un imaginario que mezcla lo regional con lo espiritual.
En el mural conviven agaves, cardenches y peces con figuras que remiten a culturas primigenias del norte del país. También aparecen símbolos de vida y muerte: un cráneo como vestigio, un corazón latiendo, gotas de lluvia suspendidas en un territorio que las reclama.
Al centro, el río, ausente y presente al mismo tiempo, articula la composición como una herida abierta, pero también como posibilidad.
"El reto era que se sintiera el clima, el territorio, pero también la necesidad ambiental", explicó. La dificultad no fue sólo conceptual: pintar sobre un techo, bajo temperaturas que superan los 30 grados, implicó un trabajo físico exigente.

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Pese a los múltiples reportes que se han realizado, ninguno ha sido atendidoMás allá de la técnica, la apuesta está en el alcance. Ubicado en la ruta del teleférico, el mural se convierte en un punto de contacto con cientos de miradas cotidianas: turistas, familias, niños. "Es una forma de visibilizar. Que a través de la experiencia estética la gente se identifique con los elementos de su propia tierra".
En una región donde nuevas generaciones han crecido sin ver correr el río, el arte funciona también como puente con una memoria que se diluye. "Hay quienes nunca han visto el Nazas con agua, ni reconocen especies del desierto. Entonces esto también busca detonar preguntas, curiosidad, identidad".
Para Espiricueta, la discusión rebasa lo político. La recuperación del río no es sólo una demanda social, sino una necesidad ambiental y biológica. "Nadie tiene derecho de controlar el agua, ni el viento, ni la tierra", pronunció el artista que estaba por terminar su propuesta artística que hoy puede ser admirada desde los aires.
CUANDO EL AGUA HABLA A TRAVÉS DE LA CANCIÓN
En el tema aquí expuesto, la música también ha abierto cancha para imaginar otras relaciones con el agua. La canción "Todo florecerá", impulsada por el colectivo Hippiesónicos, nació precisamente de ese cruce entre sensibilidad artística y preocupación ambiental.
Sandra Casale Guerra escribió la letra; Marcelo Gamboa Becerra desarrolló la composición musical y la producción. Más que una obra individual, es el resultado de un dialogo creativo que parte de una intención común: darle voz al agua.

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En la elaboración de la pieza también participaron Bernardo Fernández, Marcelino Covarrubias, Mariana Valenzuela y Jorge Valenzuela, y la idea surgió, al igual que con Ale Benavente, en el encuentro que propició El Canto al Agua, donde otros artistas se reunieron para honrar al elemento.
Sandra se dispuso a escribir una letra que no sólo denunciara, sino que también reconociera la dimensión vital del recurso. "Era como poder expresar lo que el agua no puede decir", explicó.
En la canción, la crisis hídrica no se aborda únicamente desde lo local. La mirada se amplía hacia una problemática global: la desigualdad en el acceso a un recurso que, en principio, debería ser un derecho universal.

"Es muy injusto", señaló Sandra. "Hay lugares donde no hay agua, mientras que otros sectores tienen mucho más de lo que deberían".
Esa tensión entre denuncia y esperanza atraviesa toda la pieza. Aunque reconoce el deterioro ambiental (la sobreexplotación de los acuíferos, la contaminación por arsénico y metales pesados), la canción insiste en una posibilidad: que el agua vuelva a ser libre.
"Libre será", es la frase que se repite en la canción como una especie de mantra. La frase no es sólo poética; apunta a una demanda concreta: la recuperación del cauce del Río Nazas como una forma de equilibrar el ecosistema y garantizar el acceso al agua en la región.
Para Marcelo, esa discusión no puede limitarse a lo técnico o lo institucional. También pasa por lo simbólico, por la forma en que la sociedad se relaciona con el agua.
En ese sentido, el arte aparece como un canal alternativo de conciencia. "Hay gente a la que el activismo no le resuena o le parece complicado. El arte puede comunicar de otra manera, más accesible", opinó Sandra.

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Una mirada con perspectiva de género hacia el arte moderno mexicanoLa apuesta, entonces, no es sustituir la protesta, sino ampliarla: generar preguntas, incomodar desde lo sensible, y abrir otras formas de entender la crisis.
Al final, en La Laguna, el arte no resuelve la sequía, pero al menos la nombra. La vuelve visible, la saca del terreno de las cifras para instalarla en la experiencia sensible y cotidiana. Porque cuando el agua falta, también se erosiona la memoria, el territorio y la identidad. Y frente a esa pérdida, las y los artistas laguneros no guardan silencio: cantan, escriben e intervienen muros.

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