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Pedro Garfias

El paso del poeta Pedro Garfias en Torreón a 59 años de su fallecimiento

El poeta español exiliado visitó La Laguna desde 1946, donde ofreció recitales, hizo amistades y encontró inspiración para algunos de sus versos

El paso del poeta Pedro Garfias en Torreón a 59 años de su fallecimiento

El paso del poeta Pedro Garfias en Torreón a 59 años de su fallecimiento

SAUL RODRÍGUEZ

Fallecido en Monterrey, Nuevo León, el 9 de agosto de 1967, a la edad de 66 años, tal vez para el poeta Pedro Garfias el tiempo fue su propio mausoleo. 

Quizá lloró lo justo para que la vida le permitiera volver a España y pasear en los campos de su amada Andalucía, pero no fue así. Lejos de su Ítaca, tuvo que escribirse una patria nueva. México lo cobijó, le dio el abrazo más sincero y lo acompañó en sus noches más bohemias. Su tumba en el Panteón del Carmen de la capital neoleonesa canta un silencio profundo: “La soledad que uno busca / no se llama soledad”.

Tras llegar exiliado a México en 1939, a bordo del buque Sinaia, luego de que los republicanos perdieran la Guerra Civil española, Pedro Garfias (nacido en Salamanca, en 1901) se dedicó a recorrer y a hacer amigos por el país. El Liceo Lagunero lo invitó a Torreón por vez primera en el verano de 1946, cuando impartió conferencias en el Auditorium de la estación radiofónica XETB, cuyas instalaciones se ubicaban en Valdez Carrillo 223 sur. En ese primer recital, acontecido el 14 de junio de 1946, Garfias habló de sus concepciones del arte, de sus poemas, recitó obras de su autoría y de otros autores como las del uruguayo Félix Peyrallo Carbajal. También presentó al joven poeta Rafael del Río (su principal protector en las riveras del río Nazas), cuya poesía, dijo, hacía envejecer la suya.

“En aquella época, en los años treinta, en los años cuarenta, en Torreón no había instituciones de cultura como las hay actualmente. Al contrario, era una ciudad muy seca, como físicamente lo es, un semidesierto. Tampoco había universidades. Nuestra mayor estaba al nivel de primaria y eso era todo lo que había; alguna escuela técnica y alguna escuela preparatoriana, nada más. Entonces había un grupo de intelectuales laguneros, poetas, escritores, historiadores, artistas, que conformaron el Liceo Lagunero. Pienso en Salvador Vizcaino, en Emilio Herrera, en José León Robles de la Torre y muchos tantos más que formaron parte de ese grupo, como Pablo C. Moreno, José Santos Valdés, que participaban y animaban esas tertulias. Ellos son los que tienen la inquietud de llamar a Garfias a que les dé una charla, una plática, un recital de poesía”.

Carlos Castañón Cuadros, historiador y politólogo, apunta que recordar a Pedro Garfias en La Laguna es de suma importancia debido a la gran figura literaria que fue. Lo imagina en los teatros, en las cantinas y en los restaurantes de Torreón, caminando por las calles del centro, inspirándose en el paisaje y componiendo versos al aire.

“Pedro Garfias es uno de los poetas importantes de la primera mitad del siglo XX en España. Identificado con el ultraísmo, también fue muy cercano a la Generación del 27, donde hubo grandísimos poetas; él forma parte de esa pléyade de escritores, de poetas”.

El historiador habla sobre el poeta bajo un mezquite a las afueras del desaparecido Teatro Princesa (hoy convertido en un estacionamiento). Fue en este lugar donde Garfias realizó uno de sus recitales más memorables: Retablo Español, acontecido el 26 de julio de 1947. En él compartió escenario con el pianista Alejandro Vilalta y las bailaoras Pilar Rioja y Magdalena Briones. El programa ofreció la ejecución de obras de los compositores Joaquín Turina, Manuel de Falla, Tomás Bretón, Antonio Soler, Antonio Díaz Conde y Maurice Ravel. A través de su acento andaluz, Garfias se encargó de subrayar con expresiones líricas a cada una de las danzas.

UNA AMISTAD DE ESCENARIOS

Entrevistada por esta casa editora, Pilar Rioja ahonda en su memoria de 93 años. Se dirige hasta la época de los cuarenta, cuando conoció a Pedro Garfias en Torreón. Su voz es un camino entre las décadas. Recuerda que el poeta asistía al “Club España” que en ese entonces, según relata la artista, se encontraba sobre la avenida Matamoros, a un costado de El Siglo de Torreón.

Sobre la ubicación del Real Club España cabe hacer una precisión. Según información del historiador Carlos Castañón, este realmente se ubicaba sobre la avenida Colón, a la altura de la avenida Bravo, y fue inaugurado en 1918 para promover el futbol en la región; cerró en 1936. Por lo que el lugar al que se refiere Pilar Rioja debe tratarse del Centro Español, inaugurado en 1950 en la avenida Matamoros entre las calles Rodríguez y Cepeda, como sustitución del Casino Español que fue demolido para dar paso al Hotel Elvira.

“Él iba mucho ahí, jugaba al dominó y platicaba con las gentes de ahí. ¿Sabes que hacía todo al mismo tiempo? Platicaba, escribía, jugaba al dominó, todo eso al mismo tiempo. Yo no sé cómo podía hacerlo, pero lo hacía. Yo era chica; ahí lo conocí. Y después supe que iba mucho a Monterrey y luego hice un recital con él ahí en Torreón, él sobre poesía y yo bailaba”, agrega la bailadora.

El recital en el Teatro Princesa recogió buena crítica. Pilar resalta el alma viajera de Garfias, cómo se movía de una ciudad a otra, haciendo amigos en cada lugar donde se detenía. Incluso su amistad fue más allá del escenario, pues Garfias fue muy cercano al esposo de la bailaora, el también poeta Luis Rius, con quien asistía con frecuencia al café Sorrento, en Ciudad de México.

En agosto de 1946, Garfias partió de Torreón con rumbo a Monterrey para asumir un puesto en la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL). Regresó un año después. El 22 de octubre de 1947, con el objetivo de homenajear al poeta, se realizó otro recital en el Auditorium de la XETB con la participación de Pilar Rioja, Magdalena Briones, Samuel Silva, Antonio Flores Ramírez y Felipe Sánchez de la Fuente.

Garfias continuó viajando y mantuvo activas sus visitas a Torreón. El 5 de noviembre de 1953, en beneficio de la Navidad del niño pobre, el Teatro Isauro Martínez albergó un festival con la presencia de la bailaora Pilar Rioja, el pianista Alejandro Vilalta y el propio Pedro Garfias. La crónica publicada dos días después en El Siglo de Torreón, narra que Garfías puso un toque de profundo sentimiento y volcó su angustiosa nostalgia por su tierra junto a su cariño por La Laguna.

“Cuando hacía los recitales, él decía su poesía y luego yo bailaba, luego me cambiaba y él se quedaba recitando otra poesía o una plática, tenía muchas anécdotas muy bonitas”, apuntó Pilar Rioja.

Garfias también dio recitales en el Casino de La Laguna, en el Apolo Palacio y en librerías de la ciudad. Por esos años, Pablo C. Moreno llamó a Garfias “el poeta de la libertad y del éxodo”. Otros poetas como Santiago Rosales y Carlos A. Lima le dedicaron sus versos. Su libro De soledad y otros pesares (1948) llegó a venderse en la Librería Torreón, ubicada en calle Cepeda 304 y 306 sur.

RASTROS DE POEMAS

Antonio Vigatá Simo fue otro de los exiliados españoles que llegó a México a bordo del Sinaia en 1939. El oriundo de Terregosa afincó en Torreón, donde fundó el Colegio Cervantes. A pesar de viajar en el mismo barco, no coincidió en alta mar con Pedro Garfías. Sin embargo, su hija, Dolores Vigatá, fue actriz y declamadora, y ella sí construyó lazos muy cercanos con el poeta.

Antonio Méndez Vigatá, arquitecto, gestor cultural e hijo de Dolores Vigatá, habla sobre esta relación y sobre la creación del famoso poema Hombres de La Laguna, que dedicó a sus amigos de esta región, pues había visto en los laguneros un similar ímpetu aguerrido al que sus compañeros republicanos sostuvieron en la Guerra Civil española. No obstante, Antonio Méndez Vigatá tiene una versión más detallada de esta historia.

“Pedro Garfias vino y, en alguna de las reuniones que tuvo con españoles, lo insultaron gravemente. Era una época en la que estaban muy polarizadas las cosas, sobre todo dentro de los inmigrantes, porque había los viejos residentes, que muchos de ellos eran de simpatías franquistas, y estaban los que habían sido exiliados por la caída de la República y había enfrentamientos entre ellos. Según comentaba mi mamá, cuando vino Pedro Garfias lo insultaron gravemente y él decidió comprar un poco de tiempo en la radio. Para un poeta que no tenía muchos recursos, debió ser un sacrificio enorme y entonces había una expectativa de que iba a decir algo que replicara la ofensa que le habían hecho, pero escribió ese maravilloso poema”.

Antonio Méndez Vigatá también muestra un ejemplar del libro Río de aguas amargas (1953), que fue propiedad de su madre y está firmado por el poeta. En él se incluye el poema “Árbol”. El investigador español Francisco Moreno Gómez rescató el audio de una entrevista que en 1953 se le hizo a Pedro Garfías en la XETB de Torreón. La voz del poeta es rasposa y de acento andaluz. Acompañado de Alonso Gómez, Salvador Vizcaíno, Abraham Levy Aguirre, Amalia Flores y Madame del Barrio (un personaje radiofónico), Garfias, entre otras cosas, habla de este poema y del árbol que lo inspiró, que probablemente echó raíces sobre la actual avenida Presidente Carranza. El historiador Carlos Castañón tiene un comentario al respecto:

“Sobre lo que es actualmente la calle Presidente Carranza, había una serie de árboles contiguos a unas fincas. Unos árboles como son estos mezquites, huizaches, algún pinabete. Y Pedro Garfias se refugiaba de alguna manera en esa arbolada, porque vivía cerca de ahí y se detenía a hablar con los árboles, como buen poeta. Y en una ocasión, como tantas cosas en Torreón, cuando llega a conversar con el árbol con el que había logrado entablar comunicación, no con una persona, sino con un tronco, con un follaje, encuentra que ya no está ese árbol, que lo han talado porque han limpiado el terreno para construir. Y le causa tanta impresión y le duele tanto la pérdida de este amigo, que él escribe ese poema”, narró Castañón.

El ambientalista Paco Valdés también rescató recientemente otro poema de Garfias. La anécdota está grabada en el blog Ruta Norte, del escritor lagunero Jaime Muñoz Vargas. Valdés encontró este poema entre algunos papeles de su padre, impreso en una tarjeta cuya portada decía solamente ‘Adiós y gracias’. Se trata de versos que el poeta dedicó a sus amigos laguneros antes de despedirse definitivamente de Torreón en 1959. El investigador José María Barrera López recogió este poema para las obras completas de Garfias publicadas por la UANL en 2024.

A 59 años de su partida, tal como dice un verso de su poema “Asturias”, musicalizado por el cantante español Víctor Manuel, la poesía de Pedro Garfias continúa siendo un puño gritando su cólera por los aires. Y siguiendo las palabras del profesor Eduardo Mascarell, Torreón no debe perder a Pedro Garfias, como ha perdido tantas cosas de su haber y quehacer cultural.

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