La tristeza de los fundadores
ENRIQUE KRAUZE
ómo -se preguntarían- es que, pasados 250 años de la Independencia, nuestros descendientes han elegido a un presidente que se siente rey? ¿Cómo han permitido que se borrase la división de poderes? ¿Cómo han tolerado el sesgo partidario del poder judicial? ¿Cómo no se alarman ante el evidente acoso de la libertad de expresión? Así, pienso yo, se expresarían los Padres fundadores de la Unión americana si abrieran los ojos ante el penoso estado actual de su democracia. Lamentarían todo ello, pero acaso más la evidencia de que Estados Unidos está dejando de ser la tierra prometida de la libertad, la que obedece sus "ángeles mejores" -en la expresión de Lincoln-, para convertirse en la patria de sus peores instintos: el racismo, el nativismo persecutorio, los incomprensibles pactos con sus enemigos, la imperdonable traición a sus aliados.